Resistencia sentimental

by guarever

Resistencia parejil!

Es bien sabido por todos que las relaciones de pareja, desde hace ya bastantes años, duran mucho menos que antes. Las personas no tenemos asimilado el concepto de “para toda la vida” del mismo modo que se tenía en épocas anteriores. Es bastante evidente que la pérdida de peso o influencia de la religión en nuestra vida diaria ha tenido mucho que ver. Antes no podías separarte ni divorciarte tan fácilmente. Era la iglesia la única que podía anular un matrimonio. Bueno, también podías dejar a tu pareja, aunque el rechazo social que se genera, sea cual sea el género, era muy elevado. En el caso de las mujeres mucho más. Además, en la mayoría de los casos, se formaba un matrimonio como se forma una sociedad empresarial. Se apostaba por una persona con la que formar un hogar, tener el mayor número posible de ñiñ@s, y que esos ñiñ@s te diesen el mayor número de niet@s y así hasta el infinito y más allá.

Todos estos valores/roles/guarever han cambiado mucho. En parte, la sociedad se ha liberado de muchos patrones de comportamiento que no permitían seguir más de un camino. El Camino, con mayúsculas. Por eso, ahora si una pareja no quiere casarse pero convivir, puede hacerlo. Y si deciden no tener ñiñ@s, nadie les va a juzgar por ello. Y si deciden ser padres/madres solter@s, tampoco serán repudiad@s socialmente. E incluso, si decides no tener pareja estable, e ir replicando repicando por ahí, teniendo amantes, amig@s de cama, y manteniendo gran parte de tu espacio individual libre de a influencia de otras personas, tampoco serás juzgado. Bueno sí, quizá por aquell@s resentidos que han decidido seguir El Camino, pero que en el fondo preferirían tener más libertad. Pero vamos, que puedes vivir con cierta tranquilidad, sea cual sea tu decisión. A pesar de ello, podemos decir que, por una cuestión estadística, la gente sigue emparejándose una vez tras otra. Los hay que encadenan parejas, los hay que se toman vacaciones emocionales, y los hay que no tienen pareja porque no pueden, pero sí desearían hacerlo. Así que casi todo el mundo “like to apply for a relationship, somehow”. Y la gran mayoría de las veces no funcionan, por infinidad de motivos, y es lo que me intriga. Pero a pesar de ello, seguimos en nuestra obstinación parejil, y no creo que sea exclusivamente por una necesidad exclusivamente sexual, como podría pensarse.

No hablaré de lo que no funciona en mis relaciones, porque creo que el que no funciona soy yo. Pero sí que diré que la gente, por lo general, no aguanta nada de nada. E incluso diré que ha aumentado el número de personas que desean creer que no funciona su relación, sin que eso sea necesariamente cierto. El otro día una persona me dijo que lo había dejado con su pareja tras varios meses, porque esa otra persona estaba yendo “demasiado lejos”. Me dijo que la relación iba guay, que se llevaban muy bien y le molaba bastante, pero que estaba aumentando el tiempo de convivencia (es decir, el rato que pasaban juntos en casa de uno de ellos), y que intuía que no iba a salir bien. El motivo era la tele. Me dijo que no le gustaba nada la tele, y que a la otra persona sí, en concreto le molaba el furgol, y que pensaba que eso generaría conflictos, así que lo dejó antes de que llegase ningún conflicto real. Y en teoría le molaba esa persona y las cosas iban bien! Es sorprendente como podemos montarnos películas para evitar mantener una relación, aunque ésta no sea mala. Es un ejemplo sencillo que no sirve para extrapolar y pensar que todo el mundo reacciona igual. Tengo más ejemplos, pero como son muy personales (o muy cercanos), mejor me los callo. Pero esos ejemplos denotan una tendencia a ver montañas donde sólo hay granos de arena, y a veces ni siquiera existen, sino que somos nosotros los que vamos dibujando granitos de arena en nuestra mente, que acaban por convertirse en una playa, tarde o temprano

Entonces me pregunto yo cuál es el objetivo, aunque sea inconsciente, para que en muchas ocasiones boicoteemos nuestras propias relaciones. ¿Es el miedo al fracaso y por tanto al posterior dolor emocional? Sería relativamente coherente pensar así, pues aplicamos una especie de tratamiento preventivo. Pero otras veces podríamos decir que el miedo no es al fracaso, sino al mismo éxito. Puede que tengamos miedo a enamorarnos, a engancharnos a una persona, a perder nuestra independencia y autonomía, a perder nuestro espacio vital. También sería relativamente coherente, pues es cierto que el modelo social de pareja que todavía impera, puede ser MUY asfixiante para la mayoría de personas. Pensar en convivir a tiempo completo con una persona, por muy agradable que sea, da algo de vértigo, tal como está modelada esta sociedad. No tenemos apenas tiempo libre para nosotros, pues el mundo laboral (el que curra, clar) ocupa más de la mitad del tiempo que estás despierto durante un día (a las 8 horas de turno, más desplazamientos, hay que sumar el tiempo que le dedica aquél desgraciad@ que además se lleva trabajo mental a casa), así que poca libertad queda. Si a esto le sumamos una relación de pareja clásica (con o sin CC ;-), asume que no podrás disponer de apenas espacio propio. Y si además le sumamos la manía que tiene ésta especie de procrearse en cuanto tiene ocasión, olvídate de tu independencia, pues una vez tienes ñiñ@s, tu centro de gravedad existencial se desplaza hacia ellos, a no ser que seas la peor persona del mundo. Sólo escribir éstas frases ya me producen estrés (no, es broma. Llevo muy bien el estrés ;-). Todo esto explicaría, en parte, la gran tasa de divorcios y rupturas sentimentales que se dan hoy día. No en vano, la duración media de los matrimonios es de 15.5 años, y hay que tener en cuenta que hay mucha gente de 50/60 que se sigue divorciando, por lo que la media para nuestras generaciones debe ser algo más baja.

Mi conclusión, ante todo este torrente de pensamientos y reflexiones, es que el tipo de vida que nos permite llevar ésta sociedad no se adecua al modelo de pareja clásica, y que debemos buscar alternativas, en la mayoría de los casos, porque las hay. Pero lo más importante es saber que si mantener una pareja te supone un verdadero esfuerzo (relaciones tortuosas), es que no merece la pena luchar. E igualmente si no te supone esfuerzo y lo que te ofrece y ofreces a otra persona es agradable y placentero, sin necesidad de luchas, no debemos buscarle los tres pies al gato. Ni los 5.