Guarever: Doctorado en Filosofía de retrete…

Un intento de aliviar mis angustias existenciales (a base de creártelas a ti)

Esfuerzos y recompensas

Esfuerzos individuales
El otro día, una persona conocida me dijo algo que me sorprendió bastante y activó mi piloto automático “thinking/writing about it”. Es un chaval de mi edad más o menos, que está felizmente casado, y que le gusta mogollón cocinar. De hecho en su casa siempre cocina él, nunca su mujer. Y además, parece que se le da bastante bien, y le gusta probar nuevas recetas e innovar. Vamos, que además de los espaguetis carbonara, sabe hacer algo más ;) Lo curioso es que contó que cuando vivía sin su pareja no cocinaba nada de nada. Pizzas y poco más. Me extrañó mucho, pues lo normal es que el chico que es un desastre viviendo sólo, es un desastre en pareja, al menos en lo que a cocinar se refiere. O te gusta cocinar, o delegas esa responsabilidad en tu pareja (another “Guarever theory”, totally verified), pero no empiezas a cocinar una vez vives con tu pareja. En caso de dos desastres, es la mujer quien cocinará, mayoritariamente. Pero el hecho de que cocine mogollón de platos y además super bien, da a entender que realmente no es un desastre en la cocina.

¿Qué es lo que me hizo pensar, diréis vosotr@s, mis avispados lectores? Pues que dio a entender en la conversación, que hizo el esfuerzo de empezar a cocinar por su pareja, pues parece que ella sí que no cocina ni un huevo frito. Como gesto está muy bien, es decir, te casas con la persona que quieres, y te encargas tú de cocinar, en lugar de delegar sistemáticamente esa función a tú pareja, lo cuál sería lo habitual en hombres de generaciones anteriores (y no tan anteriores) a la mía. Pero lo que me llama la atención es que viviendo él sólo no hiciese el mismo esfuerzo. Sé que no es lo mismo cocinar para uno que para más personas, pero desde mi experiencia, diré que al final es cocinar igualmente: tomas medidas, y te haces el plato que te dé la gana. Y si sobra porque te has pasado, al congelador con el excedente. Pero el hecho de que ésta persona pasase de no cocinar nada de nada (filetes no cuenta, gañanes) a ser un buen cocinero (maneja muchos registros: pastas, sopas, arroces, caldos, postres…), encierra una contradicción interesante, y no es otra que el hecho de que por lo general hagamos muchos más esfuerzos por una recompensa externa que por una interna. Me explico.

Éste chico empieza a cocinar por amor, básicamente. Su chica no cocina, así que él se presta a ello. Y estoy seguro (así me consta) que disfruta cocinando para ella, o para gente que invita a su casa. No es nada desdeñable, pues yo mismo disfruto mucho cocinando para mis parejas, o para mi familia, y varias veces al año preparo comilonas para 8/10 personas fácilmente. Pero eso no quita que para mí también cocine. Sería un poco estúpido alimentarme de ensaladas embolsadas, filetes y pizzas constantemente, si soy capaz de preparar platos más elaborados (y nutritivos, dicho de paso). Otra cosa es que no sea capaz de cocinar (some people doesn’t have what it takes. Y no pasa nada!), lo cual no es criticable. O se te da bien o no. O disfrutas haciéndolo o no. Pero ser capaz y no hacerlo por y para uno mismo, es un acto de estupidez, si lo haces para los demás.

Pensad ahora en la cantidad de esfuerzo que hacemos por dinero. Por un salario y bienestar económico que en teoría nos ofrecerá un trabajo determinado, estudiamos largas carreras universitarias. A pesar de ser vocacionales en muchas ocasiones, estos estudios nos obligan a tragarnos un montón de tostones adicionales en forma de asignaturas obligatoria, que aunque estén relacionadas con la materia, no son precisamente lo que nos gusta aprender de dicha carrera. Y luego, una vez trabajamos, igualmente asumimos una serie de obligaciones, comportamientos, rutinas, y en definitiva esfuerzos, que si la compensación no fuese económica, difícilmente llevaríamos a cabo. En este sentido tiene mucho que la cantidad de inquietudes que tengas, pero, por lo general, la gente no madrugaría diariamente por una gran cantidad de cosas que le satisfarían a uno mismo, y sí lo haría por la obligación de conseguir dinero para vivir.

Dejando de lado las implicaciones obvias inherentes a lo que supone tener o no un trabajo para la mayoría de personas (no soy tan demagogo: sé que la mayoría tenemos que trabajar para vivir), creo que deberíamos esforzarnos por nosotr@s mism@s como individuos (no confundir con ser más egoístas), y que dicho esfuerzo no sólo se realice a cambio de un refuerzo externo del tipo que sea: emocional, económico, social… ¿Seríamos capaces de vivir en una ecoaldea, por ejemplo, y currarnos la construcción de todo lo necesario para vivir, sin recibir dinero a cambio? Sería un claro ejemplo de trabajar por y para nosotr@s y para la comunidad en la que convivamos. Y creo que no todos seríamos capaces de hacerlo. Parto de la base de que el urbanita de hoy día difícilmente sería capaz de “sobrevivir” en un medio rural/natural propio de una aldea o pueblecito pequeño, porque no ha tenido que hacer casi nada manualmente en su vida. Pero no deja de ser una situación idílica en la que no te esfuerzas por una recompensa monetaria únicamente. Y además es una solución perfecta para muchos de los 5 millones de parados que dicen las encuestas pueblan nuestro país. Yo me lo planteo como una posibilidad a medio plazo, y eso que tengo trabajo, porque como ya he dicho a veces, la ciudad no está hecha para mí (o yo para ella…)

Love Story: Poder

Quién tiene el poder en la pareja

(Éste post iba a formar parte del anterior, pero decidí desglosarlo, para una mejor claridad de ideas, o para que no fuese demasiado largo…)

Otra de las cosas curiosas con respecto a las relaciones (todas ellas, no sólo las de pareja) es el reparto de poder que se genera, donde lo ideal es que exista un equilibrio, pero realmente es difícil que se produzca. Es por ello que me di cuenta, pensando en mí y extrapolando al resto del mundo (ombliguismo mode ON…), que uno de los motivos por el que muchas relaciones fracasan o se deterioran cuando ambas partes intentan tener el control de la relación en uno o varios aspectos de la relación. Y cuantos más aspectos intentemos controlar, más posibilidades de que surja el conflicto. Es cierto que hay personas que por personalidad tienden a ceder el poder y control en determinados aspectos, así como otras tienden a asumirlo de manera natural.

Basándome en mi experiencia, puedo decir que creo que soy algo controlador por naturaleza. No soy demasiado dominante en general, pero sí me gusta tener el control de la situación. Aunque suene incoherente, no lo es. No quiero imponer mi criterio a la hora de afrontar una situación, pero si hacemos lo que tú dices es porque yo así lo veo también, no porque tú lo impongas por mandato divino. Por supuesto, esto que dicho así suena a axioma irrefutable, resulta que no lo es tanto, así que dependiendo del contexto, uno acaba cediendo más o menos. Aunque la verdad es que rara vez cedo por completo, y si creo que alguien no tiene razón en su decisión (y esta me afecta) se lo voy discutir sin dudarlo. Y aunque no me afecte también!! :P

En el caso de las relaciones sentimentales, si me autoanalizo, llego a la conclusión de que mi tendencia a ceder o asumir el control está directamente relacionado con mi grado de enamoramiento/implicación, Si es una relación “ligera”, sé que el control no lo voy a ceder. Intentaré no imponerme, pero no hago concesiones gratuitas de casi ningún tipo. Recuerdo al menos un par de casos en los que me han tildado de ingobernable, quizá porque las Maria Cristinas que querían gobernar estaban acostumbradas a llevar el control de la situación en el juego de la seducción, y a que sus “presas” cayesen rendidas ante sus encantos (algo habitual en casi todas las mujeres). Cuando ven que sus técnicas de seducción/control no funcionan, se encuentran en una situación desconocida para ellas, totalmente descolocadas. Afortunada e incomprensiblemente, esta resistencia me ha servido para parecer más interesante de lo que realmente pudiese ser (bueno, la resistencia… y mi encanto y magnetismo personal ;), pues el ser humano es cabut (<– cabezón) por naturaleza, acaba por encapricharse precisamente de aquello que más se le resiste. Y recuerdo un caso concreto de flirteo que me hizo mucha gracia, pues ambos estuvimos jugando a ver quién tenía el control (de manera no premeditada, quiero creer). Cuando yo mostraba demasiado interés y me rendía ante los encantos de la chica en cuestión, ella, que pasaba a “dominar” la situación, perdía el interés en mí, al apreciar que lo tenía muy fácil. Entonces ésta se hacía la desinteresada, me daba largas, y yo acababa por pasar del tema, perdiendo también el interés. Y eso hacía que ella, que en teoría controlaba la situación, rebajase su nivel de indiferencia para intentar recuperar mi interés por ella. Yo me hacía un poco el “duro”, le daba largas, recuperando así el poder y control de la situación, hasta que la tenía donde quería. Y vuelta a empezar… Aunque no llego a pasar nada demasiado serio, pues sabía que no era mi tipo ideal ni yo el suyo, sí recuerdo que era yo incapaz de dejar el tema y pasar de ella, porque me divertía y atraía mucho la situación en sí, más que ella. Vamos, que era más excitante el juego referente al control y poder, que la propia recompensa del éxito. Si cuando digo que me gustan las situaciones complicadas, no es en vano…

Por otra parte, cuando se trata de una relación de pareja en las que me vuelco al 100%, reconozco que la cesión en el control es mucho mayor, en ocasiones cuasi total, pues yo soy muy de querer cuando me ataca “el rayo”, como le ocurre a Michael Corleone en “El Padrino”, cuando conoce a Apollonia en su exilio italiano y se enamora al instante. El enamorarte de una manera muy intensa puede hacer que pierdas la objetividad por completo, y por tanto, casi todo lo que hace la otra persona te parece genial, sin ver que igual comete fallos garrafales en algún sentido. En estos casos, esa cesión del poder y control puede ser contraproducente, pues si delegas en áreas determinadas (emocionales, o simplemente funcionales) y la otra persona no tiene las ideas muy claras en dichas áreas, la relación se convierte en algo caótica, con demasiada inestabilidad. Además puede darse el caso de que la otra persona también haya decidido ceder el control en los mismos aspectos que tú (ya sea voluntaria o involuntariamente), lo que produce una especie de  vacío de poder, por lo que reina igualmente el caos y la inestabilidad.

Como sabiamente me dijo una amiga (y amada), cuando dos personas tienden de manera natural a controlar una situación, lo más probable es que acaben enfrentados y entren en conflicto. Por tanto, al final, como casi siempre, lo importante es encontrar el equilibrio, y no ceder más de la cuenta, ni imponer más de la cuenta. Pero ya sabemos (al menos yo sí lo sé, si hablo de mi persona) que el equilibrio es muy complejo de conseguir, y además, si la relación acaba funcionando, por lo general es la chica la que más controla. En todo caso, creo que el secreto para encontrar una relación satisfactoria es coincidir con alguien que controle situaciones en las que a ti no te importe ceder (e incluso te venga bien), y a la inversa, que te facilite el control en aquellos aspectos donde tú domines, ya sea por tus dotes (o por tus impulsos). Casi nada, vamos…

Love Story: Seguridad

Security
Las relaciones sentimentales y de pareja son una fuente increíble de estudio. Aunque no hay dos iguales, sí que hay patrones que se reconocen en muchas de ellas, pues muchos hombres repetimos comportamientos determinados, al igual que muchas mujeres también lo hacen. No sabría decir si el origen de esos comportamientos es cultural o biológico, aunque me atrevería a afirmar que es una mezcla de ambos aspectos. Hablando el otro día con un amigo, me expuso una teoría (sin demasiada profundidad, pues la conversación no iba por ahí)  al respecto de lo que buscan las mujeres en prácticamente todas las relaciones de pareja (serias, añadiría yo), y no es otra cosa que la seguridad.

Según él, de un modo u otro, las mujeres, además de afecto, algo que buscamos todos (supongo), siempre buscan la obtención de seguridad por parte de la pareja. No hay que confundir con protección (física), o sustento (económico), sino que hablamos a nivel emocional. Esa búsqueda de seguridad podría traducirse en la necesidad de confiar en la otra persona, en saber que está siempre de tu parte, en saber que puedes contarle cualquier cosa, y que está a tu disposición (sin pasarse) para lo que necesites. Pero el objetivo en sí no es apoyarse constantemente en esa persona, sino en reafirmarse, o lo que es lo mismo, ganar seguridad en sí misma. Saberse querid@ ayuda a sentirse más a gusto internamente, al igual que saberse atractiv@ y desead@. Aunque el resto del mundo puede pensar que eres más fe@ que un pie (impagable expresión), si tu pareja te dice que le pareces guap@, todo lo demás importa (un poco) menos. Es razonable creer que esto nos pasa a todas las personas independientemente del género, pero creo que por cuestiones sociales/culturales/antropológicas, toda mujer tiene la necesidad de sentirse atractiva y deseada. Nada que no sepáis. Y quizá por herencia también sociocultural, también desea sentirse “protegida” por su pareja. Nuestra sociedad, que es líquida (como la define uno de los sociólogos contemporáneos más relevantes), ha permitido cambiar ese rol de protección y amparo del hombre hacia la mujer en poco tiempo, al menos en lo que a la teoría se refiere, pero la realidad es que los cambios culturales no se fraguan en una o dos generaciones, sino que tardan mucho más en asentarse en el ideario colectivo. Por eso vemos comportamientos en el día a día que todavía reflejan esa situación, aunque a veces pasen desapercibidos. Por suerte la relación entre hombre-mujer ya no presenta una dependencia real, sino que es una especie de acuerdo tácito, que acaba por convertirse en interdependencia (puede que siempre lo fuese).

Al principio no entendí del todo la teoría de mi amigo, o mejor dicho, no creía reconocer esa búsqueda de la seguridad en mis experiencias anteriores. Pero tras reflexionar al respecto, tengo que darle la razón. Analizando algunas de mis relaciones de pareja (las serias, reitero), creo que sí que había una búsqueda de cierta seguridad por parte de ellas, aunque cada una la requería de un modo distinto. Ya sabéis, no daré detalles concretos de ninguna de ellas (un beso a todas mis parejas, pasadas, presentes y futuras!! ;), porque no me parece correcto, pero sí que puedo decir que la mayoría cumplen esa búsqueda, al igual que alguna amiga a la que le he preguntado al respecto, también se ha visto reflejada. Lo más curioso es que entre ellas no tienen demasiado en común. Algunas eran algo inseguras, y podrían haber tenido alguna carencia afectiva en algún momento de sus vidas (y quién no, añadiría yo), lo cuál daría sentido a esa búsqueda de seguridad en la relación, para proyectar al final una seguridad en ellas mismas. Pero por contra, otras rebosaban seguridad en sí mismas, y habían vivido en un ambiente familiar/social idóneo, y aunque por otras vías, también buscaban esa seguridad, ya sea por una cuestión de despreocupación. Saber que tienes a alguien disponible para lo que necesites emocionalmente puede hacer que no tengas necesidades emocionales (seguridad en ti misma). Al igual que saber que tu chico piensa que eres el ser más bello que ha pisado la tierra, puede hacer que no dudes de esas adorables imperfecciones que todo cuerpo femenino tiene (más seguridad en ti misma). Eso explicaría el porqué hay chicas que son encantadoras, muy atractivas, guapísimas, que por falta de seguridad en ellas mismas, sus complejos acaban retroalimentando esa falta de seguridad y son se convierten en seres incapaces de explotar sus encantos con naturalidad. Por contra, existe una legión de mujeres que físicamente no son nada destacables ni llamativas, pero explotan alguno de sus atributos (esos que tanto agradan a los hombres), y acaban por tener éxito en el plano sexual/afectivo, y se comportan con extrema seguridad, a pesar de que esa seguridad no se ajusta a su realidad física. En éste sentido influyen mucho los gustos estéticos predominantes, que hacen que cualquier mujer que cumpla un par de criterios de los marcados por esos cánones, sea susceptible de parecer atractiva para todas esa cantidad de hombres que también siguen los mismos mandatos estéticos.

Una vez leí por ahí, o escuché, o guarever, que toda mujer adulta esconde “an insecure teenager inside” de por vida, así que su necesidad de superar ciertas inseguridades y complejos (generados por la sociedad que entre todos formamos) está presente en muchas de sus acciones. En el caso de los varones, no es menos verdad que también tenemos necesidades que satisfacer e inseguridades que reparar, pero esa presión social que también nos afecta y mucho (aunque no se hable ni reflexione sobre ello públicamente), hace que no se puedan mostrar tan abiertamente esas carencias y necesidades, como sí pueden hacen las mujeres. Puede que pronto escriba al respecto, pues ayer mismo tuve una interesante conversación al respecto with my Replicant friend ;)

Lengua Vs. Números

Prensa de mierda

Como me imagino ya sabréis la mayoría de vosotr@s, estoy participando activamente, sin llegar a ser activista, en el movimiento (r)evolucionario 15-M que desde hace unos meses ocupa en mayor o menor medida la escena política y social de Espain. Mi participación, tras un par de meses muy activos, se ha ido reduciendo a un grupo de trabajo con una tarea muy concreta: el análisis de prensa escrita. Nos hemos dedicado a analizar artículos mediante una técnica concreta, basada en la estructura de la noticia y el uso de metáforas en la misma. He aprendido mucho al respecto, y desde entonces, ya no leo las noticias con los mismos ojos, sino que el prisma que utilizo se ha agudizado bastante, y soy capaz de detectar “cosas” que a primera vista pasan desapercibidas.

Sin explicar en profundidad el método de análisis socio-metafórico utilizado, diré que los medios de comunicación (y nosotros mismos) relacionan objetos o ideas (sin relación aparente) a través de metáforas (esta es la propia definición de metáfora, vamos), y de esta manera, acabamos por asociar ambos objetos o ideas, o trasladar características de uno a otro, por la relación creada de manera artificial. Esto que suena muy teórico es fácil de entender con un par de ejemplos. Ante un teórico titular que dice tras unas elecciones “Las urnas han dictado sentencia en favor de…”, estamos atribuyendo capacidades humanas (dictar sentencia) a un objeto inanimado (las urnas), sin tener en cuenta que realmente los que han decidido uno u otro resultado son las personas que depositaron el voto en dichas urnas, no las urnas en sí (metáfora de personificación). O por ejemplo, cuando se habla de un “terremoto (o tsunami, que está muy de moda en la prensa) en las bolsas” se está atribuyendo a las actividades financieras una serie de cualidades propias de la naturaleza, que es por definición incontrolable, impredecible, devastadora en ocasiones (como lo sería un terremoto). De esta manera interiorizamos que lo que ocurre en la Bolsa es obra de la casualidad o de una serie de parámetros incontrolables, desproveyendo así de toda responsabilidad a las personas que ejecutan las actuaciones que provocan esa caída bursátil (metáfora de tipo natural). Puede parecer un poco tontería, y podemos pensar que somos mucho más listos que los medios de comunicación, pero la verdad es que no lo somos, y tenemos una serie de conceptos e ideas tan interiorizados que no nos damos ni cuenta, a no ser que hagamos un ejercicio de análisis exhaustivo de nuestro propio lenguaje. Si no de qué vamos a considerar normal aplicar “pruebas anti-estrés” a la banca (metáfora médica)? Ni que fuese un enfermo que necesita cuidado y reposo, ante una situación de ansiedad ¬_¬

Esto me llevó a pensar en nuestra relación con el lenguaje, que cada día está más infravalorado. No se valora nada la manera de expresarse, de escribir, de pensar (algo que hacemos con palabras, no nos olvidemos). No en vano, son muchos los académicos que reflexionan sobre ello. Sin ir más lejos, Mario Vargas Llosa, reciente premio Nobel de Literatura, declaró que la juventud que se dedica a ahorrar palabras al escribir está poco menos que acercándose de nuevo a los primates. Dicho así suena a desprecio (que lo es, porque en parte lo merece), pero es más una preocupación, porque cuanto peor te expresas, peor articulas los pensamientos. Y viceversa. Yo no soy un erudito ni lo pretendo, pero hace un par de años decidí mejorar mi capacidad de expresión (en éste mismo blog puede verse cierta evolución al respecto), así como a anular al máximo las faltas de ortografía que pudiese cometer. Y además, como soy un pesado de mucho cuidado, me dedico a corregir a la gente (cercana, eso sí) instándole a que hable mejor, si es posible (siempre lo es), pues el lenguaje no puede dejarse de lado. Ni tampoco podemos dejarnos llevar por las frases manidas, vacías de contenido, tergiversadas, manipuladas por parte de la prensa, los políticos, el establishment en general, que mediante una serie de términos y tecnicismos le han dado la vuelta a la realidad. Esto es lo que viene a denunciar éste recomendable artículo de otros académicos que salió hace unos días en la prensa, ante cuya lectura no pude evitar relacionar su contenido con todo lo observado y aprendido durante meses analizando diarios.

En contraposición a esta prostitución del lenguaje, salta a la vista que las ideas narradas mediante argumentos y explicaciones han sido sustituidas por la contundencia de las cifras y números, sobre todo en los medios. Rara es la noticia que no lleva un dato numérico, una estadística, un porcentaje, una relación matemática entre éste o aquél concepto. Casi nadie entiende los motivos por los que España está en crisis, o al menos la ideología de cada un@ le llevará a pensar de una manera determinada, pero todos entendemos muy bien las cifras derivadas de sus consecuencias: 5 millones de parados, 21% de tasa de desempleo, 11% de déficit, 350 puntos de prima de riesgo, aumento del IVA al 18%, recorte de 600 millones del presupuesto anual… Estoy seguro de que si pensamos en la mayoría de nuestros debates sobre el estado de la nación que seguro cada un@ lleva a cabo con sus allegados, los bailes de números son parte importante de nuestras argumentaciones. Nadie puede rebatir las cifras objetivas de los que costó la Ciudad de Las Artes y Las Ciencias de Valencia, pero seguro que cada uno puede encontrar con palabras la justificación o crítica, según su ideario político. Pero posiblemente acabemos apoyándonos en cifras para apoyar esa crítica o justificación. Creo que esto es consecuencia de la época de rendir pleitesía a las ciencias, que elevan a la enésima potencia la importancia de los números, cifras, resultados. Puede que no sea culpa de la ciencia en sí, sino de la economía de mercado tan agresiva que tenemos, donde el resultado final suele justificar el proceso para obtenerlo. Dado que hemos interiorizado que la economía debe crecer constantemente (metáfora natural, dando a entender que la economía es como una plantita que debemos regar y cuidar para que siga creciendo, porque si no lo hace, está enferma y acaba muriendo), el resultado visible es la capacidad de entender los números mucho mejor que las palabras. No en vano los números nos son interpretables (menos para quienes practican la “contabilidad creativa” ¬¬), mientras que las palabras sí. Y dado que son interpretables, también son manipulables, si no tenemos las armas suficientes para defendernos de esas manipulaciones (educación, señoras y señores, los males del mundo se acabarían con educación y conocimiento para tod@s).  Espero que esta gran crisis de valores (económicos, éticos y morales) que estamos viviendo sirva para recuperar las humanidades en detrimento de las ciencias (ojo, aplicadas a la economía de mercado), que nos ha hecho subir tanto que ahora la caída será muy muy dura. Espero que éste sea el resultado del minelarismo ese que está ya a la vuelta de la esquina.

Resistencia sentimental

Resistencia parejil!

Es bien sabido por todos que las relaciones de pareja, desde hace ya bastantes años, duran mucho menos que antes. Las personas no tenemos asimilado el concepto de “para toda la vida” del mismo modo que se tenía en épocas anteriores. Es bastante evidente que la pérdida de peso o influencia de la religión en nuestra vida diaria ha tenido mucho que ver. Antes no podías separarte ni divorciarte tan fácilmente. Era la iglesia la única que podía anular un matrimonio. Bueno, también podías dejar a tu pareja, aunque el rechazo social que se genera, sea cual sea el género, era muy elevado. En el caso de las mujeres mucho más. Además, en la mayoría de los casos, se formaba un matrimonio como se forma una sociedad empresarial. Se apostaba por una persona con la que formar un hogar, tener el mayor número posible de ñiñ@s, y que esos ñiñ@s te diesen el mayor número de niet@s y así hasta el infinito y más allá.

Todos estos valores/roles/guarever han cambiado mucho. En parte, la sociedad se ha liberado de muchos patrones de comportamiento que no permitían seguir más de un camino. El Camino, con mayúsculas. Por eso, ahora si una pareja no quiere casarse pero convivir, puede hacerlo. Y si deciden no tener ñiñ@s, nadie les va a juzgar por ello. Y si deciden ser padres/madres solter@s, tampoco serán repudiad@s socialmente. E incluso, si decides no tener pareja estable, e ir replicando repicando por ahí, teniendo amantes, amig@s de cama, y manteniendo gran parte de tu espacio individual libre de a influencia de otras personas, tampoco serás juzgado. Bueno sí, quizá por aquell@s resentidos que han decidido seguir El Camino, pero que en el fondo preferirían tener más libertad. Pero vamos, que puedes vivir con cierta tranquilidad, sea cual sea tu decisión. A pesar de ello, podemos decir que, por una cuestión estadística, la gente sigue emparejándose una vez tras otra. Los hay que encadenan parejas, los hay que se toman vacaciones emocionales, y los hay que no tienen pareja porque no pueden, pero sí desearían hacerlo. Así que casi todo el mundo “like to apply for a relationship, somehow”. Y la gran mayoría de las veces no funcionan, por infinidad de motivos, y es lo que me intriga. Pero a pesar de ello, seguimos en nuestra obstinación parejil, y no creo que sea exclusivamente por una necesidad exclusivamente sexual, como podría pensarse.

No hablaré de lo que no funciona en mis relaciones, porque creo que el que no funciona soy yo. Pero sí que diré que la gente, por lo general, no aguanta nada de nada. E incluso diré que ha aumentado el número de personas que desean creer que no funciona su relación, sin que eso sea necesariamente cierto. El otro día una persona me dijo que lo había dejado con su pareja tras varios meses, porque esa otra persona estaba yendo “demasiado lejos”. Me dijo que la relación iba guay, que se llevaban muy bien y le molaba bastante, pero que estaba aumentando el tiempo de convivencia (es decir, el rato que pasaban juntos en casa de uno de ellos), y que intuía que no iba a salir bien. El motivo era la tele. Me dijo que no le gustaba nada la tele, y que a la otra persona sí, en concreto le molaba el furgol, y que pensaba que eso generaría conflictos, así que lo dejó antes de que llegase ningún conflicto real. Y en teoría le molaba esa persona y las cosas iban bien! Es sorprendente como podemos montarnos películas para evitar mantener una relación, aunque ésta no sea mala. Es un ejemplo sencillo que no sirve para extrapolar y pensar que todo el mundo reacciona igual. Tengo más ejemplos, pero como son muy personales (o muy cercanos), mejor me los callo. Pero esos ejemplos denotan una tendencia a ver montañas donde sólo hay granos de arena, y a veces ni siquiera existen, sino que somos nosotros los que vamos dibujando granitos de arena en nuestra mente, que acaban por convertirse en una playa, tarde o temprano

Entonces me pregunto yo cuál es el objetivo, aunque sea inconsciente, para que en muchas ocasiones boicoteemos nuestras propias relaciones. ¿Es el miedo al fracaso y por tanto al posterior dolor emocional? Sería relativamente coherente pensar así, pues aplicamos una especie de tratamiento preventivo. Pero otras veces podríamos decir que el miedo no es al fracaso, sino al mismo éxito. Puede que tengamos miedo a enamorarnos, a engancharnos a una persona, a perder nuestra independencia y autonomía, a perder nuestro espacio vital. También sería relativamente coherente, pues es cierto que el modelo social de pareja que todavía impera, puede ser MUY asfixiante para la mayoría de personas. Pensar en convivir a tiempo completo con una persona, por muy agradable que sea, da algo de vértigo, tal como está modelada esta sociedad. No tenemos apenas tiempo libre para nosotros, pues el mundo laboral (el que curra, clar) ocupa más de la mitad del tiempo que estás despierto durante un día (a las 8 horas de turno, más desplazamientos, hay que sumar el tiempo que le dedica aquél desgraciad@ que además se lleva trabajo mental a casa), así que poca libertad queda. Si a esto le sumamos una relación de pareja clásica (con o sin CC ;-), asume que no podrás disponer de apenas espacio propio. Y si además le sumamos la manía que tiene ésta especie de procrearse en cuanto tiene ocasión, olvídate de tu independencia, pues una vez tienes ñiñ@s, tu centro de gravedad existencial se desplaza hacia ellos, a no ser que seas la peor persona del mundo. Sólo escribir éstas frases ya me producen estrés (no, es broma. Llevo muy bien el estrés ;-). Todo esto explicaría, en parte, la gran tasa de divorcios y rupturas sentimentales que se dan hoy día. No en vano, la duración media de los matrimonios es de 15.5 años, y hay que tener en cuenta que hay mucha gente de 50/60 que se sigue divorciando, por lo que la media para nuestras generaciones debe ser algo más baja.

Mi conclusión, ante todo este torrente de pensamientos y reflexiones, es que el tipo de vida que nos permite llevar ésta sociedad no se adecua al modelo de pareja clásica, y que debemos buscar alternativas, en la mayoría de los casos, porque las hay. Pero lo más importante es saber que si mantener una pareja te supone un verdadero esfuerzo (relaciones tortuosas), es que no merece la pena luchar. E igualmente si no te supone esfuerzo y lo que te ofrece y ofreces a otra persona es agradable y placentero, sin necesidad de luchas, no debemos buscarle los tres pies al gato. Ni los 5.

La canción del domingo CMB

Cumbia & Cholitas
Hace un tiempo descubrí un sello musical llamado “Vampisoul“, que puede que os suene a los más intrépidos indagadores musicales, pues ha ganado mucha popularidad. El sello se dedica, básicamente, a rastrear archivos sonoros de multitud de países, y además de producir discos de algún que otro grupo actual, su fuerte es el de los recopilatorios y compilaciones temáticas. Son espectaculares, casi estos álbumes que sacan. Música africana, latina, singles de algún estilo determinado, pero de grupos de países poco prolíficos en dichos géneros (como por ejemplo, canciones soul grabadas por grupos españoles en los años 60/70), y otras rarezas por el estilo. Yo me he descargado comprado mogollón de estos recopilatorios, pues son de una riqueza impresionante, y todos aquellos listeners alejados del mainstream, que por lo general suelen tener una mente y oídos abiertos, suelen disfrutar mucho de esta variedad.

Mi último descubrimiento es de ritmos latinos, mundo musical que por lo general, me provoca cierto rechazo, o al menos, me cuesta bastante escucharla. Mambo, son, merengue, bachata, incluso jazz latino, por lo general son ritmos muy machacones para mí, difícilmente ignorables. Pero Vampisoul ha conseguido que me guste, y mucho, uno de sus recopilatorios de cumbia, que dispone de joyas que mezclan sonidos propios de la misma cumbia, guitarras africanas, e incluso algunas pinceladas psicodélicas. Una maravilla, oyes! Se llama “Cumbia Beat Volumen 1“, me gusta una barbaridad. Puede que a vosotr@s también.

(Pincha para descargar el álbum, piratilla)

NOTA: la imagen está metida con calzador, pero no he podido evitar asociar la cumbia a las flying cholitas, luchadoras de wrestling  de Bolivia, que compiten con trajes regionales. No puede haber nada más auténtico! Aquí varios vídeos, y aquí de una de las imágenes más alucinante y llamativa que he visto en mucho tiempo. So cool (and weird)!

Miedos irracionales

Tengo miedorrr!!

Caso 1. Una chica (Y) de unos veintilargos está viéndose con un chico (X)de unos treintaypocos. Él vive sólo, y ella con sus padres. Los padres de ella son bastante abiertos, y no le prohíben prácticamente nada. Puede salir hasta la hora que le dé la gana (allende el amanecer), puede verse con quien le dé la gana, incluso (palabras casi textuales) puede follarse a quien le dé la gana. De repente, la madre de la Y, al darse cuenta de que a ésta le gusta quedarse a dormir a veces a casa de X, le dice que no, que haga lo que quiera hasta la hora que quiera, pero que a dormir a casa, nada de quedarse en casa de X. Evidentemente, Y se queda un poco sorprendida, porque no tiene ningún sentido. Tras una conversación entre Y y su madre, se desprende que ésta última tiene un miedo irracional hacia algo indefinido, y que no quiere que duerma en su casa, a menos que X vaya a conocerla. Se podría pensar que la madre tiene miedo de que X sea un psicópata  y que mate a Y. Pero Y sabe, y así se lo hace saber a su madre, que si X fuese un psicópata, podría descuartizarla a cualquier hora del día, no es necesario esperar a que Y se duerma. O incluso, que si sale con su grupo de amistades hasta las tantas como si no hubiese mañana, podrían pasarle también infinidad de males. O si “puede follarse a quien le dé la gana cualquier noche”, las probabilidades de llevarse un susto son mayores que si está follándose únicamente a X. O al menos eso es lo que le dice el sentido común a Y.

Caso 2. Otro chico X tiene una moto. Su madre le recuerda constantemente que tenga cuidado, que son peligrosas. X lo sabe, pero le recuerda que ha estado trabajando de mensajero en moto en su juventud, y durante este tiempo ella no estaba constantemente “dándole la tabarra” sobre lo peligroso del vehículo, aunque el riesgo crecía exponencialmente, por una mera cuestión de tiempo, pues X se pasaba bastantes horas al día cruzándose la ciudad a velocidades y en situaciones altamente peligrosas. Igualmente, cuando X se va de viaje en vehículo (mayoritariamente en coche), la madre está preocupada, porque la carretera es peligrosa. En estas ocasiones X replica indicando que ha estado trabajando de repartidor con flagoneta, y que en ocasiones ha llegado a hacer más de 500 km en una única jornada, superando fácilmente los 1200 km semanales de media durante varios años. Y nuevamente aprovecha para recordarle que durante el tiempo en que repartía, ella no estaba sufriendo en casa, esperando a que entrase por la puerta o que le llamase cada 2/3 horas confirmándole que seguía vivo.

Como sé que sois listos, habréis detectado el elemento común en ambos casos: el miedo irracional. En realidad mi intención era buscar más ejemplos, donde no se repitiese el elemento “amor de madre”, que ya sabemos cómo suelen ser ellas. Pero ambos casos están protagonizados por esos seres queridos que nos acompañan con cariño, protección y taladro percutor a partes casi iguales, en muchas ocasiones. No obstante, me quedaré únicamente con la otra variable, que el poco sentido común que aplicamos a ciertas situaciones, cuando están implicados ciertos sentimientos. Es evidente que en ambos ejemplos impera un deseo protector, cuando se percibe un peligro potencial, aunque irreal, pues no es más visible o factible que otros muchos peligros que nos acechan a diario. Pero son situaciones tan fácilmente desmontables a nivel racional, que no tienen sentido, y más viniendo de personas que pueden entender fácilmente dichos argumentos o explicaciones. Me imagino que podría ponerse como ejemplo el asunto de los celos en las relaciones de pareja, donde uno de los dos, en según qué situaciones, piensa que el otro podría “dejarse llevar”, pero que a la vez, se descartan otros muchos donde, potencialmente, el riesgo es el mismo. Si nuestra pareja sale de noche con sus amig@s, pensamos que la posibilidad de que acaba a cuatro patas es muy muy superior a cualquier otra situación, cuando, en mi opinión, es mucho más fácil que te la peguen con algún compañer@ del curro, o hoy día, conociendo a alguien por Internet. Pero seguramente sigue habiendo mucha gente que, cada vez que su pareja sale por ahí sin ellos, le recuerdan que “tenga cuidado” con l@s buitres leonados que pueblan la noche, algo que no harán cuando, día a día, se despiden para irse a currar. Yo creo que no soy celoso, lo cuál implica que sé que cualquier pareja mía puede liarse con cualquiera, en cualquier momento, pero no me preocupo en exceso por situaciones concretas, o porque quede con personas concretas (amigos, ex-parejas, bla bla bla…). Seguramente, mi miedo irracional se presentará en otras situaciones, no lo dudo, pues creo que tod@s lo sufrimos de algún modo (menos los replicantes, claro ;), y llegado un momento, una situación, o ante una persona determinada, nuestra capacidad de razonar se desvanece, prevaleciendo el miedo. Qué cosas tenemos los humanos…

Síndrome de Diógenes “virtual” / Somos más listos o más tontos que antes?

Diógenes el chatarrero

Ya escribí no hace mucho sobre la cantidad de tareas que tenía que hacer en un breve periodo de tiempo. Dicho periodo de tiempo ha pasado, y aunque mi lista de obligaciones ha disminuido (well, not actually. Acaban de aumentarse mogollón. Long story), la cantidad de cosas que quiero hacer (pleasure stuff, mostly) sigue aumentando. Creo que está directamente relacionado con mis características renacentistas. Es decir, tengo un montón de intereses diversos y variados, que no me sirven más que para acumular tareas en el “want (to read, to watch, to visit…) list”. Puro diogenismo virtual que añadir al “real” (aunque éste último descendió una barbaridad durante el tiempo en que compartí vivienda con una dulce muchachita ;)

Últimamente, mi sensación es que cada vez que me conecto a internet (it’s not only for pr0n. It really isn’t!!), me guardo/anoto una nueva tarea. A las ya habituales búsquedas de material cinematográfico, donde principalmente busco cine clásico (de los 70 hacia atrás), desde hace un tiempo se añaden las series tan maravillosas que se están produciendo en los últimos años. En ésta materia, ya he tomado una decisión bastante productiva. Después de pasar  6 años enganchado literalmente a Lost, y esperar jueves tras jueves un nuevo capítulo, pasé a acumular dos o tres capítulos de la serie de turno, y verlo al ritmo que me diese la gana. Ahora he ido más allá, y solo intento ver series ya finalizadas (como hacía mi amigo Fulgención), o en su defecto, ver temporadas completas, aunque las series estén en curso. ¿Pros? Se acabó eso de ver un capítulo cada semana, lo cuál es un coñazo, si la serie es realmente buena, por aquello de la adicción. ¿Contras? Que de repente te encuentras con 4 temporadas completas de las series que te molan (Breaking bad, Treme, Boardwalk Empire, Damages…), o incluso con mil temporadas de series ya finalizadas hace años (Seinfeld,. por ejemplo…). Si a eso le sumamos las 3/4 pelis semanales que suelo descargar, llegamos a una situación en la que no puedo, ni de lejos, visualizar todo el material adquirido…

Con el tema de la lectura me pasa lo mismo. Éste año apenas he leído literatura, cosa que el año pasado sí hice, pero por contra, estoy leyendo infinidad de blogs, diarios, artículos, revistas de pensamiento, sobre diversos temas (últimamente economía, mostly). Cada 2/3 semanas encuentro un nuevo blog, con muchísima información interesante, que implica nuevas lecturas. Lo que hago es añadirlo al lector de feeds (RSS), y cuando tengo tiempo y ganas, repaso cosillas. No obstante, en este mismo momento en que escribo, tengo 4167 feeds sin leer. No todos son entradas de “obligada lectura”, pues hay blogs sobre fotografía, diseño gráfico, humor… Pero vamos, que tampoco soy capaz de leer todo lo que me interesa. Además, sigo comprando religiosamente mi revista de Orsai, que  añade más materia al almacen. En contrapartida, mi interés por el mundo informático ha disminuido una barbaridad. Ya no leo casi nada sobre tecnología, lo cuál antes sí ocupaba gran parte de mi tiempo de lectura delante del ordenador. Y también he notado que mis ganas de estar delante de la pantalla también han descendido, y estoy en una fase de desintoxicación internetística, que en parte también explicaría la acumulación.

Os cuento una pequeña curiosidad referente al internetismo: existe un debate en la comunidad científica sobre el grado de influencia que está provocando la red a nuestra manera de pensar, donde unos payos muy listos dicen que, debido al bombardeo de información que soportamos en la red, el grado de dispersión que presentamos ahora mismo ha aumentado, y por tanto, nuestra capacidad de concentración se ha mermado mucho (ya lo comentaba mi amigo Dexter en un comentario, años ha). Esto implicaría una teórica reducción de nuestra inteligencia, al no ser capaces de desarrollar ideas de gran profundidad sobre una materia concreta, debido a esta dispersión, que evita la profundización y teórica capacidad de asimilar ideas. Sin embargo otros payos también muy listos afirman que se están creando conexiones neuronales entre partes de la memoria que almacenan información sin relación aparente, algo así como que nuestra memoria está convirtiéndose en una perfeccionada base de datos relacional, con infinitos links de datos cruzados sobre distintas materias. Esto implicaría, por contra, que nuestro cerebro se está volviendo multidisciplinar, al ser capaz de “comprender y relacionar” con mayor facilidad materias diversas, aunque con menor profundidad, al no tener que almacenar toda la información (pues ya está en Internet). Aunque ambas posturas suenan coherentes, yo todavía no sé qué rellenar pensar al respecto. Quizá porque no soy (ni seré) tan listo como esos payos…

Prioridades

What's the purpose??

Creo que algo en mi interior ha cambiado, y poco a poco me voy tomando la vida de otra manera. He aprendido a relativizar las cosas, y tras ello, mi escala de prioridades ha variado. No sé si tiene algo que ver con el 15-M o no (no sus preocupéis, que éste no es un post polítco. Como dije el otro día, estoy en fase Winston, que no Wiscon).Pero si existe relación, se trata de una paradoja en toda regla. Creo que la vida cada vez tiene menos sentido. No lo digo desde un punto de vista preocupante (suicida, vamos), sino nihilista (life has no meaning). Viendo el caos en el que estamos inmersos actualmente, en el que ni los que más saben, tienen ni idea de lo que ocurre, ni de lo que va a ocurrir, me da a entender que nada tiene mucho sentido. Empiezo a pensar que la sociedad va rodada (cuesta abajo, posiblemente), y ni los mega poderosos tienen el control de la misma (aunque lo crean), lo cual tira por tierra muchas teorías conspiranóicas, ni la sociedad de a pie tiene muchas armas para cambiar el rumbo (aunque seamos más).

Ante esta perspectiva, ni positiva ni negativa, más bien objetiva, empiezo a relativizar al máximo. Me di cuenta hace un par o tres meses, cuando descubrí que, aunque me gusta el fúrgol (oh, sí! Lo confieso!) y el deporte en general, empezó a darme un poco igual lo que ocurriese. Quiero decir que mola que gane mi equipo y tal, pero si pierde me la suda. Voy al campo cada dos semanas, lo que quiere decir que me gasto leuros por ello, y aún así, me da igual lo que ocurra. Inicialmente pensé que tenía demasiadas cosas en la cabeza por el tema 15-M, y que además, el propio 15-M me obligaba moralmente a ser coherente con lo que estaba defendiendo en la plaza. Así que pensé que no era razonable protestar con la misma intensidad por los recortes sociales que por un penalti no pitado.

Pero ahora que el 15-M se ha diluido en cuanto a la actividad de continuo (aunque sigo participando, y ahora que vienen las elecciones seguro que se  reactivan las protestas más cañeras), también relativizo bastante con éste asunto. Mi última entrada en el blog va en ese sentido, así que no profundizo más, salvo para remarcar que mi idealismo está poco a poco apaciguándose. A veces no le veo el sentido a hacer mías ciertas guerras que, obviamente lo son como miembro de una sociedad, pero que no necesariamente lo son como individuo. Y eso me hace pensar en otras cosas más personales, pensar en mi propio disfrute. Suena egoísta, y realmente lo es. Pero si al final resulta que, como dice mi hermano, me paso la mayor parte del tiempo “predicando en el desierto”, prefiero predicar menos, y disfrutar más. Esta es la paradoja con respecto al 15-M, pues me ha ayudado a reflexionar con respecto a lo verdaderamente importante, y la conclusión puede ser que ni siquiera el movimiento 15-M es tan importante, a pesar de su tremenda importancia.

Así que estoy llevando a la práctica mi filosofía de vida más útil y satisfactoria, que es la del “comercio-bebercio-follercio“, entre otras cosas. Estoy aprendiendo nuevas recetas, pues disfruto cocinando (hice una fieduà el otro día que estaba ESPECTACULAR), estoy paladeando vinitos ricos en buena compañía, estoy… bueno, no doy más detalles, que yo soy discreto en ese aspecto ;). Pero bueno, estoy intentando disfrutar de los placeres más sencillos, como marear a mis sobrinas, compartir unas cervezas en buena compañía, leer mucho sobre cosas que me interesan (aunque sean rollacos económicos, sociales, políticos), ver pelis y series, dormir bien, y en definitiva, hacer todo eso que ya suponéis o sabéis que hago y que disfruto. Y lo agradezco. Una parte de mí sigue preocupada por “la vida” en general, y la otra empieza a preocuparse sobre todo por “mi vida” en particular. Igual es madurez, igual es egoísmo, o igual es simplemente, casualidad. Who cares?

Winston’s style

1984

(Ojo, este post tiene un grandísimo spoiler de un libro que creo todo el mundo debería leer, que es “1984” de George Orwell. Así que si no te lo has leído y crees que algún día lo harás, no te leas el espoiler que he ocultado pues cuento el final del libro. He avisado)

1984 es una novela que se desarrolla en un futuro apocalíptico, donde la mayoría de naciones han desaparecido, para convertirse en estados supranacionales (Eurasia, Oceanía y Estasia) que están en guerra permanente. Eurasia, que es el estado donde se narran los hechos, dispone de unas herramientas tecnológicas que permiten transmitir la ideología y propaganda hasta el más inesperado rincón, así como vigilar a sus ciudadanos incluso en sus propias casas. Nuestro protagonista, Winston, es un trabajador del Ministerio de la Verdad, donde se ocupa de “retocar la realidad” para emitir propaganda favorable y reforzadora de la ideología impuesta. Poco a poco se va dando cuenta de lo que supone su trabajo, y acaba por convertirse en disidente, que rehuye del poder dictatorial que gobierna su estado, que recae en la figura del líder llamado “Gran Hermano”. Tras una serie de acontecimientos, Winston es “descubierto” y arrestado por su disidencia. Es sometido a tortura, y finalmente, no sólo confiesa su disidencia, sino que, lo que es más grave, acaba adorando al líder, la ideología, y el mundo en que vive, tras un proceso de lavado cerebral en toda regla

Los lectores más antiguos del lugar que se hayan tomado la innecesaria molestia de analizar la evolución del blog, habrán visto que últimamente la temática ha ido adquiriendo un tono más político. Siempre he hablado de la sociedad desde mi (poco) modesto punto de vista. He comentado aquello que me ha hecho gracia, aquello que me ha sorprendido, aquello que me ha molestado, o aquello que con mejor o peor criterio, me ha apetecido comentar. Pero últimamente, y casualmente (o no) un poco antes de que todo el tema 15-M estallara y yo me involucrara activamente en él, he empezado a hablar de la situación política del mundo actual, incluso económica, lo cuál es un poco peñazo. Puede que para vosotr@s, y  en parte, también lo es para mí. Quiero decir que hablar y pensar sobre estos temas no me sale así como así, sino que viene precedido de reflexiones, a veces incluso rumiaciones que me hacen pensar que la sociedad en que vivimos no es, ni de lejos, tan bonita como muchas veces nos empeñamos en creer e incluso intentar demostrar.

Pienso de que no soy el único que cree en ello. Somos much@s los que creemos que el mundo en que vivimos es una mierda, y cada un@ de el@os tiene sus propias ideas sobre qué cambiaría, qué mejoraría, qué le gusta y le disgusta. He de decir que mi situación personal no es, ni de lejos, mala. Tengo curro, tengo mis posesiones materiales, tengo mi círculo social, tengo más o menos la vida que quiero llevar. O mejor dicho, que mejor se ajusta a mi forma de ser dentro de un contexto determinado, porque siendo realistas, siempre hay cosas que te gustaría cambiar y no puedes, pero que creo que no tengo mucho de qué quejarme a nivel individual. ¿De dónde viene ese malestar? Quizá de mi idealismo innato, quizá de la educación/ideología de la que he bebido en mi casa, quizá es mi visión del mundo, influida por varias personas importantes con las que me he encontrado a lo largo de mi vida. O simplemente es una imposibilidad material de disfrutar sin más de lo que tengo, del mundo en que vivo, de la sociedad de la que formo parte, me guste o no. Ojo, no creo ser infeliz en estos momentos, pero no puedo volver la vista atrás ante el nefasto presente en el que nos hayamos, y sobre todo, ante el negrísimo futuro que nos aguarda (va a llegarrrr!). Esta visión me impulsa a leer, averiguar, pensar, indagar sobre el tema, por tener la sensación de que estando informado puedo minimizar la posible catástrofe (how stupid could I be…). O quizá por creer muy profundamente que la sociedad es la suma de los individuos, y por tanto, la acción de cada individuo ayuda en mayor o menor medida a cambiar la sociedad. Y si me preocupo por hacer una mínima aportación, seguramente

Por otro lado, pienso en si esta batalla interna que ocupa parte de mi tiempo no es estéril. Creo que mi idealismo a veces va demasiado lejos, y hago mías unas batallas que en parte ni me van ni me vienen, y que yo sólo ni de lejos voy a ganar. Ni sólo, ni aunque me alinee con gente que piensa y se preocupa sobre las mismas cosas que yo. Veo que hay mucha gente que, incluso teniendo una vida más complicada que la mía, tiende a desentenderse de lo que está pasando, sigue como si la situación social no fuese con ellos, quizá porque les va mejor que a la media, o quizá por todo lo contrario, es decir, tienen una situación personal tan complicada que no tienen tiempo para pensar de manera más global. Y luego están los que nunca se han preocupado por nada de nada, y no van a empezar a hacerlo ahora, porque están completamente felices en la sociedad en que vivimos (gente estándar, you already know what I mean). Y creo que, si llego a la conclusión de que no voy a salvar el mundo yo sólo (Jesuschrist’s Complex stuff), debería dejar de agobiarme, ni siquiera un poquito, por la situación global en que nos encontramos. Y pasaría a hacer como hace la mayoría de la gente y optaría por la filosofía “ésta no es mi guerra”, adquiriendo o demostrando cierto egoísmo. Seguramente ganaría en tranquilidad y calidad de vida, y se demostraría que la ignorancia da la felicidad.

O ir más mucho más allá, y acabar como nuestro amigo Winston, el protagonista de 1984, amando profundamente el sistema en que vivimos, y defendiendo sus virtudes (que las tiene), sin reconocer nunca sus defectos (que también los tiene).

A veces creo que es la mejor solución para encontrar cierta paz individual, y sin necesidad de que me laven el cerebro, creo que adoptar el Winston’s Style me vendría realmente bien, a pesar de la derrota y traición que supone hacia mis ideales. Quizá acabaría casándome con una chica cariiiii (igual algún día vuelvo a hablar de ellas, tras una breve “experiencia” al respecto… ), teniendo dos ñiñ@s, y un monovolumen. Y mis preocupaciones serían mucho más sencillas y extendidas. Si luego el mundo se acaba, pues doesn’t matter. Y si no se acaba, pues mira, habré ganado Aunque seguramente tendré que chapar el blog, por simple y llana coherencia. O subir vídeos de gatitos. No lo tengo claro aún…