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La canción del domingo CMB

Cumbia & Cholitas
Hace un tiempo descubrí un sello musical llamado “Vampisoul“, que puede que os suene a los más intrépidos indagadores musicales, pues ha ganado mucha popularidad. El sello se dedica, básicamente, a rastrear archivos sonoros de multitud de países, y además de producir discos de algún que otro grupo actual, su fuerte es el de los recopilatorios y compilaciones temáticas. Son espectaculares, casi estos álbumes que sacan. Música africana, latina, singles de algún estilo determinado, pero de grupos de países poco prolíficos en dichos géneros (como por ejemplo, canciones soul grabadas por grupos españoles en los años 60/70), y otras rarezas por el estilo. Yo me he descargado comprado mogollón de estos recopilatorios, pues son de una riqueza impresionante, y todos aquellos listeners alejados del mainstream, que por lo general suelen tener una mente y oídos abiertos, suelen disfrutar mucho de esta variedad.

Mi último descubrimiento es de ritmos latinos, mundo musical que por lo general, me provoca cierto rechazo, o al menos, me cuesta bastante escucharla. Mambo, son, merengue, bachata, incluso jazz latino, por lo general son ritmos muy machacones para mí, difícilmente ignorables. Pero Vampisoul ha conseguido que me guste, y mucho, uno de sus recopilatorios de cumbia, que dispone de joyas que mezclan sonidos propios de la misma cumbia, guitarras africanas, e incluso algunas pinceladas psicodélicas. Una maravilla, oyes! Se llama “Cumbia Beat Volumen 1“, me gusta una barbaridad. Puede que a vosotr@s también.

(Pincha para descargar el álbum, piratilla)

NOTA: la imagen está metida con calzador, pero no he podido evitar asociar la cumbia a las flying cholitas, luchadoras de wrestling  de Bolivia, que compiten con trajes regionales. No puede haber nada más auténtico! Aquí varios vídeos, y aquí de una de las imágenes más alucinante y llamativa que he visto en mucho tiempo. So cool (and weird)!

Miedos irracionales

Tengo miedorrr!!

Caso 1. Una chica (Y) de unos veintilargos está viéndose con un chico (X)de unos treintaypocos. Él vive sólo, y ella con sus padres. Los padres de ella son bastante abiertos, y no le prohíben prácticamente nada. Puede salir hasta la hora que le dé la gana (allende el amanecer), puede verse con quien le dé la gana, incluso (palabras casi textuales) puede follarse a quién le dé la gana. De repente, la madre de la Y, al darse cuenta de que a ésta le gusta quedarse a dormir a veces a casa de X, le dice que no, que haga lo que quiera hasta la hora que quiera, pero que a dormir a casa, nada de quedarse en casa de X. Evidentemente, Y se queda un poco sorprendida, porque no tiene ningún sentido. Tras una conversación entre Y y su madre, se desprende que ésta última tiene un miedo irracional hacia algo indefinido, y que no quiere que duerma en su casa, a menos que X vaya a conocerla. Se podría pensar que la madre tiene miedo de que X sea un psicópata  y que mate a Y. Pero Y sabe, y así se lo hace saber a su madre, que si X fuese un psicópata, podría descuartizarla a cualquier hora del día, no es necesario esperar a que Y se duerma. O incluso, que si sale con su grupo de amistades hasta las tantas como si no hubiese mañana, podrían pasarle también infinidad de males. O si “puede follarse a quien le dé la gana cualquier noche”, las probabilidades de llevarse un susto son mayores que si está follándose únicamente a X. O al menos eso es lo que le dice el sentido común a Y.

Caso 2. Otro chico X tiene una moto. Su madre le recuerda constantemente que tenga cuidado, que son peligrosas. X lo sabe, pero le recuerda que ha estado trabajando de mensajero en moto durante su juventud, y durante este tiempo ella no estaba constantemente “dándole la tabarra” sobre lo peligroso del vehículo, aunque el riesgo crecía exponencialmente, por una mera cuestión de tiempo, pues X se pasaba bastantes horas al día cruzándose la ciudad a velocidades y en situaciones altamente peligrosas. Igualmente, cuando X se va de viaje en vehículo (mayoritariamente en coche), la madre está preocupada, porque la carretera es peligrosa. En estas ocasiones X replica indicando que ha estado trabajando de repartidor con fragoneta, y que en ocasiones ha llegado a hacer más de 500 km en una única jornada, superando fácilmente los 1200 km semanales de media durante varios años. Y nuevamente aprovecha para recordarle que durante el tiempo en que repartía, ella no estaba sufriendo en casa, esperando a que entrase por la puerta o que le llamase cada 2/3 horas confirmándole que seguía vivo.

Como sé que sois listos, habréis detectado el elemento común en ambos casos: el miedo irracional. En realidad mi intención era buscar más ejemplos, donde no se repitiese el elemento “amor de madre”, que ya sabemos cómo suelen ser ellas. Pero ambos casos están protagonizados por esos seres queridos que nos acompañan con cariño, protección y taladro percutor a partes casi iguales, en muchas ocasiones. No obstante, me quedaré únicamente con la otra variable, que el poco sentido común que aplicamos a ciertas situaciones, cuando están implicados ciertos sentimientos. Es evidente que en ambos ejemplos impera un deseo protector, cuando se percibe un peligro potencial, aunque irreal, pues no es más visible o factible que otros muchos peligros que nos acechan a diario. Pero son situaciones tan fácilmente desmontables a nivel racional, que no tienen sentido, y más viniendo de personas que pueden entender fácilmente dichos argumentos o explicaciones. Me imagino que podría ponerse como ejemplo el asunto de los celos en las relaciones de pareja, donde uno de los dos, en según qué situaciones, piensa que el otro podría “dejarse llevar”, pero que a la vez, se descartan otros muchos donde, potencialmente, el riesgo es el mismo. Si nuestra pareja sale de noche con sus amig@s, pensamos que la posibilidad de que acaba a cuatro patas es muy muy superior a cualquier otra situación, cuando, en mi opinión, es mucho más fácil que te la peguen con algún compañer@ del curro, o hoy día, conociendo a alguien por Internet. Pero seguramente sigue habiendo mucha gente que, cada vez que du pareja sale por ahí sin ellos, le recuerdan que “tenga cuidado” con l@s buitres leonados que pueblan la noche, algo que no harán cuando, día a día, se despiden para irse a currar. Yo creo que no soy celoso, lo cuál implica que sé que cualquier pareja mía puede liarse con cualquiera, en cualquier momento, pero no me preocupo en exceso por situaciones concretas, o porque quede con personas concretas (amigos, ex-parejas, bla bla bla…). Seguramente, mi miedo irracional se presentará en otras situaciones, no lo dudo, pues creo que tod@s lo sufrimos de algún modo (menos los replicantes, claro ;), y llegado un momento, una situación, o ante una persona determinada, nuestra capacidad de razonar se desvanece, prevaleciendo el miedo. Qué cosas tenemos los humanos…

Síndrome de Diógenes “virtual” / Somos más listos o más tontos que antes?

Diógenes el chatarrero

Ya escribí no hace mucho sobre la cantidad de tareas que tenía que hacer en un breve periodo de tiempo. Dicho periodo de tiempo ha pasado, y aunque mi lista de obligaciones ha disminuido (well, not actually. Acaban de aumentarse mogollón. Long story), la cantidad de cosas que quiero hacer (pleasure stuff, mostly) sigue aumentando. Creo que está directamente relacionado con mis características renacentistas. Es decir, tengo un montón de intereses diversos y variados, que no me sirven más que para acumular tareas en el “want (to read, to watch, to visit…) list”. Puro diogenismo virtual que añadir al “real” (aunque éste último descendió una barbaridad durante el tiempo en que compartí vivienda con una dulce muchachita ;)

Últimamente, mi sensación es que cada vez que me conecto a internet (it’s not only for pr0n. It really isn’t!!), me guardo/anoto una nueva tarea. A las ya habituales búsquedas de material cinematográfico, donde principalmente busco cine clásico (de los 70 hacia atrás), desde hace un tiempo se añaden las series tan maravillosas que se están produciendo en los últimos años. En ésta materia, ya he tomado una decisión bastante productiva. Después de pasar  6 años enganchado literalmente a Lost, y esperar jueves tras jueves un nuevo capítulo, pasé a acumular dos o tres capítulos de la serie de turno, y verlo al ritmo que me diese la gana. Ahora he ido más allá, y solo intento ver series ya finalizadas (como hacía mi amigo Fulgención), o en su defecto, ver temporadas completas, aunque las series estén en curso. ¿Pros? Se acabó eso de ver un capítulo cada semana, lo cuál es un coñazo, si la serie es realmente buena, por aquello de la adicción. ¿Contras? Que de repente te encuentras con 4 temporadas completas de las series que te molan (Breaking bad, Treme, Boardwalk Empire, Damages…), o incluso con mil temporadas de series ya finalizadas hace años (Seinfeld,. por ejemplo…). Si a eso le sumamos las 3/4 pelis semanales que suelo descargar, llegamos a una situación en la que no puedo, ni de lejos, visualizar todo el material adquirido…

Con el tema de la lectura me pasa lo mismo. Éste año apenas he leído literatura, cosa que el año pasado sí hice, pero por contra, estoy leyendo infinidad de blogs, diarios, artículos, revistas de pensamiento, sobre diversos temas (últimamente economía, mostly). Cada 2/3 semanas encuentro un nuevo blog, con muchísima información interesante, que implica nuevas lecturas. Lo que hago es añadirlo al lector de feeds (RSS), y cuando tengo tiempo y ganas, repaso cosillas. No obstante, en este mismo momento en que escribo, tengo 4167 feeds sin leer. No todos son entradas de “obligada lectura”, pues hay blogs sobre fotografía, diseño gráfico, humor… Pero vamos, que tampoco soy capaz de leer todo lo que me interesa. Además, sigo comprando religiosamente mi revista de Orsai, que  añade más materia al almacen. En contrapartida, mi interés por el mundo informático ha disminuido una barbaridad. Ya no leo casi nada sobre tecnología, lo cuál antes sí ocupaba gran parte de mi tiempo de lectura delante del ordenador. Y también he notado que mis ganas de estar delante de la pantalla también han descendido, y estoy en una fase de desintoxicación internetística, que en parte también explicaría la acumulación.

Os cuento una pequeña curiosidad referente al internetismo: existe un debate en la comunidad científica sobre el grado de influencia que está provocando la red a nuestra manera de pensar, donde unos payos muy listos dicen que, debido al bombardeo de información que soportamos en la red, el grado de dispersión que presentamos ahora mismo ha aumentado, y por tanto, nuestra capacidad de concentración se ha mermado mucho (ya lo comentaba mi amigo Dexter en un comentario, años ha). Esto implicaría una teórica reducción de nuestra inteligencia, al no ser capaces de desarrollar ideas de gran profundidad sobre una materia concreta, debido a esta dispersión, que evita la profundización y teórica capacidad de asimilar ideas. Sin embargo otros payos también muy listos afirman que se están creando conexiones neuronales entre partes de la memoria que almacenan información sin relación aparente, algo así como que nuestra memoria está convirtiéndose en una perfeccionada base de datos relacional, con infinitos links de datos cruzados sobre distintas materias. Esto implicaría, por contra, que nuestro cerebro se está volviendo multidisciplinar, al ser capaz de “comprender y relacionar” con mayor facilidad materias diversas, aunque con menor profundidad, al no tener que almacenar toda la información (pues ya está en Internet). Aunque ambas posturas suenan coherentes, yo todavía no sé qué rellenar pensar al respecto. Quizá porque no soy (ni seré) tan listo como esos payos…

Prioridades

What's the purpose??

Creo que algo en mi interior ha cambiado, y poco a poco me voy tomando la vida de otra manera. He aprendido a relativizar las cosas, y tras ello, mi escala de prioridades ha variado. No sé si tiene algo que ver con el 15-M o no (no sus preocupéis, que éste no es un post polítco. Como dije el otro día, estoy en fase Winston, que no Wiscon).Pero si existe relación, se trata de una paradoja en toda regla. Creo que la vida cada vez tiene menos sentido. No lo digo desde un punto de vista preocupante (suicida, vamos), sino nihilista (life has no meaning). Viendo el caos en el que estamos inmersos actualmente, en el que ni los que más saben, tienen ni idea de lo que ocurre, ni de lo que va a ocurrir, me da a entender que nada tiene mucho sentido. Empiezo a pensar que la sociedad va rodada (cuesta abajo, posiblemente), y ni los mega poderosos tienen el control de la misma (aunque lo crean), lo cual tira por tierra muchas teorías conspiranóicas, ni la sociedad de a pie tiene muchas armas para cambiar el rumbo (aunque seamos más).

Ante esta perspectiva, ni positiva ni negativa, más bien objetiva, empiezo a relativizar al máximo. Me di cuenta hace un par o tres meses, cuando descubrí que, aunque me gusta el fúrgol (oh, sí! Lo confieso!) y el deporte en general, empezó a darme un poco igual lo que ocurriese. Quiero decir que mola que gane mi equipo y tal, pero si pierde me la suda. Voy al campo cada dos semanas, lo que quiere decir que me gasto leuros por ello, y aún así, me da igual lo que ocurra. Inicialmente pensé que tenía demasiadas cosas en la cabeza por el tema 15-M, y que además, el propio 15-M me obligaba moralmente a ser coherente con lo que estaba defendiendo en la plaza. Así que pensé que no era razonable protestar con la misma intensidad por los recortes sociales que por un penalti no pitado.

Pero ahora que el 15-M se ha diluido en cuanto a la actividad de continuo (aunque sigo participando, y ahora que vienen las elecciones seguro que se  reactivan las protestas más cañeras), también relativizo bastante con éste asunto. Mi última entrada en el blog va en ese sentido, así que no profundizo más, salvo para remarcar que mi idealismo está poco a poco apaciguándose. A veces no le veo el sentido a hacer mías ciertas guerras que, obviamente lo son como miembro de una sociedad, pero que no necesariamente lo son como individuo. Y eso me hace pensar en otras cosas más personales, pensar en mi propio disfrute. Suena egoísta, y realmente lo es. Pero si al final resulta que, como dice mi hermano, me paso la mayor parte del tiempo “predicando en el desierto”, prefiero predicar menos, y disfrutar más. Esta es la paradoja con respecto al 15-M, pues me ha ayudado a reflexionar con respecto a lo verdaderamente importante, y la conclusión puede ser que ni siquiera el movimiento 15-M es tan importante, a pesar de su tremenda importancia.

Así que estoy llevando a la práctica mi filosofía de vida más útil y satisfactoria, que es la del “comercio-bebercio-follercio“, entre otras cosas. Estoy aprendiendo nuevas recetas, pues disfruto cocinando (hice una fieduà el otro día que estaba ESPECTACULAR), estoy paladeando vinitos ricos en buena compañía, estoy… bueno, no doy más detalles, que yo soy discreto en ese aspecto ;). Pero bueno, estoy intentando disfrutar de los placeres más sencillos, como marear a mis sobrinas, compartir unas cervezas en buena compañía, leer mucho sobre cosas que me interesan (aunque sean rollacos económicos, sociales, políticos), ver pelis y series, dormir bien, y en definitiva, hacer todo eso que ya suponéis o sabéis que hago y que disfruto. Y lo agradezco. Una parte de mí sigue preocupada por “la vida” en general, y la otra empieza a preocuparse sobre todo por “mi vida” en particular. Igual es madurez, igual es egoísmo, o igual es simplemente, casualidad. Who cares?

Winston’s style

1984

(Ojo, este post tiene un grandísimo spoiler de un libro que creo todo el mundo debería leer, que es “1984″ de George Orwell. Así que si no te lo has leído y crees que algún día lo harás, no te leas el espoiler que he ocultado pues cuento el final del libro. He avisado)

1984 es una novela que se desarrolla en un futuro apocalíptico, donde la mayoría de naciones han desaparecido, para convertirse en estados supranacionales (Eurasia, Oceanía y Estasia) que están en guerra permanente. Eurasia, que es el estado donde se narran los hechos, dispone de unas herramientas tecnológicas que permiten transmitir la ideología y propaganda hasta el más inesperado rincón, así como vigilar a sus ciudadanos incluso en sus propias casas. Nuestro protagonista, Winston, es un trabajador del Ministerio de la Verdad, donde se ocupa de “retocar la realidad” para emitir propaganda favorable y reforzadora de la ideología impuesta. Poco a poco se va dando cuenta de lo que supone su trabajo, y acaba por convertirse en disidente, que rehuye del poder dictatorial que gobierna su estado, que recae en la figura del líder llamado “Gran Hermano”. Tras una serie de acontecimientos, Winston es “descubierto” y arrestado por su disidencia. Es sometido a tortura, y finalmente, no sólo confiesa su disidencia, sino que, lo que es más grave, acaba adorando al líder, la ideología, y el mundo en que vive, tras un proceso de lavado cerebral en toda regla

Los lectores más antiguos del lugar que se hayan tomado la innecesaria molestia de analizar la evolución del blog, habrán visto que últimamente la temática ha ido adquiriendo un tono más político. Siempre he hablado de la sociedad desde mi (poco) modesto punto de vista. He comentado aquello que me ha hecho gracia, aquello que me ha sorprendido, aquello que me ha molestado, o aquello que con mejor o peor criterio, me ha apetecido comentar. Pero últimamente, y casualmente (o no) un poco antes de que todo el tema 15-M estallara y yo me involucrara activamente en él, he empezado a hablar de la situación política del mundo actual, incluso económica, lo cuál es un poco peñazo. Puede que para vosotr@s, y  en parte, también lo es para mí. Quiero decir que hablar y pensar sobre estos temas no me sale así como así, sino que viene precedido de reflexiones, a veces incluso rumiaciones que me hacen pensar que la sociedad en que vivimos no es, ni de lejos, tan bonita como muchas veces nos empeñamos en creer e incluso intentar demostrar.

Pienso de que no soy el único que cree en ello. Somos much@s los que creemos que el mundo en que vivimos es una mierda, y cada un@ de el@os tiene sus propias ideas sobre qué cambiaría, qué mejoraría, qué le gusta y le disgusta. He de decir que mi situación personal no es, ni de lejos, mala. Tengo curro, tengo mis posesiones materiales, tengo mi círculo social, tengo más o menos la vida que quiero llevar. O mejor dicho, que mejor se ajusta a mi forma de ser dentro de un contexto determinado, porque siendo realistas, siempre hay cosas que te gustaría cambiar y no puedes, pero que creo que no tengo mucho de qué quejarme a nivel individual. ¿De dónde viene ese malestar? Quizá de mi idealismo innato, quizá de la educación/ideología de la que he bebido en mi casa, quizá es mi visión del mundo, influida por varias personas importantes con las que me he encontrado a lo largo de mi vida. O simplemente es una imposibilidad material de disfrutar sin más de lo que tengo, del mundo en que vivo, de la sociedad de la que formo parte, me guste o no. Ojo, no creo ser infeliz en estos momentos, pero no puedo volver la vista atrás ante el nefasto presente en el que nos hayamos, y sobre todo, ante el negrísimo futuro que nos aguarda (va a llegarrrr!). Esta visión me impulsa a leer, averiguar, pensar, indagar sobre el tema, por tener la sensación de que estando informado puedo minimizar la posible catástrofe (how stupid could I be…). O quizá por creer muy profundamente que la sociedad es la suma de los individuos, y por tanto, la acción de cada individuo ayuda en mayor o menor medida a cambiar la sociedad. Y si me preocupo por hacer una mínima aportación, seguramente

Por otro lado, pienso en si esta batalla interna que ocupa parte de mi tiempo no es estéril. Creo que mi idealismo a veces va demasiado lejos, y hago mías unas batallas que en parte ni me van ni me vienen, y que yo sólo ni de lejos voy a ganar. Ni sólo, ni aunque me alinee con gente que piensa y se preocupa sobre las mismas cosas que yo. Veo que hay mucha gente que, incluso teniendo una vida más complicada que la mía, tiende a desentenderse de lo que está pasando, sigue como si la situación social no fuese con ellos, quizá porque les va mejor que a la media, o quizá por todo lo contrario, es decir, tienen una situación personal tan complicada que no tienen tiempo para pensar de manera más global. Y luego están los que nunca se han preocupado por nada de nada, y no van a empezar a hacerlo ahora, porque están completamente felices en la sociedad en que vivimos (gente estándar, you already know what I mean). Y creo que, si llego a la conclusión de que no voy a salvar el mundo yo sólo (Jesuschrist’s Complex stuff), debería dejar de agobiarme, ni siquiera un poquito, por la situación global en que nos encontramos. Y pasaría a hacer como hace la mayoría de la gente y optaría por la filosofía “ésta no es mi guerra”, adquiriendo o demostrando cierto egoísmo. Seguramente ganaría en tranquilidad y calidad de vida, y se demostraría que la ignorancia da la felicidad.

O ir más mucho más allá, y acabar como nuestro amigo Winston, el protagonista de 1984, amando profundamente el sistema en que vivimos, y defendiendo sus virtudes (que las tiene), sin reconocer nunca sus defectos (que también los tiene).

A veces creo que es la mejor solución para encontrar cierta paz individual, y sin necesidad de que me laven el cerebro, creo que adoptar el Winston’s Style me vendría realmente bien, a pesar de la derrota y traición que supone hacia mis ideales. Quizá acabaría casándome con una chica cariiiii (igual algún día vuelvo a hablar de ellas, tras una breve “experiencia” al respecto… ), teniendo dos ñiñ@s, y un monovolumen. Y mis preocupaciones serían mucho más sencillas y extendidas. Si luego el mundo se acaba, pues doesn’t matter. Y si no se acaba, pues mira, habré ganado Aunque seguramente tendré que chapar el blog, por simple y llana coherencia. O subir vídeos de gatitos. No lo tengo claro aún…

(Conflictos con) Mi peor-mejor amigo

Worst-best friend

Alguna vez he hablado sobre mi peor-mejor amigo, aunque nunca de esta manera. Sí había comentado alguna cosa relacionada directamente con él, e incluso había hablado hace ya varios años sobre la extraña amistad que mantenemos, la cuál hace que crea que es mi peor-mejor amigo, no sin motivos. Tengo un problema con dicha persona, no creo que demasiado grave, pero sí me preocupa lo suficiente como para reflexionar al respecto, en aras de buscar una solución. El problema es que casi muchas de las veces que discutimos sobre el tema que sea, yo acabo de mala hostia. Me altero mogollón cuando discuto con él. Sé que soy una persona que puede ser… digamos vehemente a la hora de defender una idea en una discusión del tipo que sea. Antes mucho más, pues con el tiempo, uno acaba dándose cuenta de que no sirve de nada alterarse a la hora de discutir, por lo que mi comportamiento y manera de enfocar las discusiones (del tipo que sean) ha ido evolucionando a mejor. De hecho, ahora sé que es más enriquecedor discutir desde la tranquilidad, pero la personalidad y temperamento de cada uno hace que sea más o menos capacidad para discutir asertivamente. En mi caso, no sin esfuerzo por mi parte, creo haber adquirido cierta capacidad para escuchar a l@s demás en una discusión (no todos son capaces, ni yo mismo siempre soy capaz de hacerlo). Analizo lo que la otra persona dice, pero por lo general, rara vez cambia mi idea base, pues como no es una idea ligera, sino razonada (que no quiere decir que sea correcta) se basa en argumentos férreos. Sí es cierto que yo me llevo casi todas las ideas de la otra persona y sigo rumiándolas, y si creo que tiene razón o que yo estoy equivocado en lo que pensaba, acabo por decírselo, pues muchas veces mis discusiones son de larga duración, y se alargan varias jornadas, pues una u otra persona retoma parte de la discusión, ya sea para seguir rebatiendo, o para reconocer parte de las razones del otro. Pero con mi peor-mejor amigo suelo acabar bastante enfadado, y podría decir que a estas alturas de la vida, sólo me pasa con él. Me pregunto el motivo, porque me da bastante rabia recuperar comportamientos que había conseguido reorientar a mejor. Tengo parte de culpa, por supuesto, y como tal, tengo que hacer autocrítica.

Comentaré que mi relación con esta persona es muy vieja. Lo conozco al menos 15 años, que para mi edad es un montón de años. Es más joven que yo, y a edades tempranas eso se nota. Y creo que en parte, esa diferencia de edad le llevó a idealizar parte de mis comportamientos (aunque tampoco demasiado, o al  menos no lo demuestra gratuitamente). Yo fui monitor suyo en la adolescencia, y por mi propia experiencia sí sé que se tiende a idealizar a l@s monitores/mentores que pasar por tu vida. Esa idealización puede convertirse en un arma de doble filo, pues podría reflejarse mediante una cierta adoración y a tomar como válido todo lo que haga esa persona, aunque también puede convertirse en una versíon más light de lo conocido en psicología como “matar al padre”, y generar una constante rivalidad en aras de demostrar que ese monitor no es más listo, o más sabio, o más fuerte o guarever. En el fondo es cierto complejo de inferioridad, y puede que en su caso se dé, porque es el más pequeño de todos los que formamos el grupo común. No sería descabellada esta teoría, y más si esta persona, en la mayoría de las discusiones que tenemos utiliza la odiosa técnica del frontón, que a mí me da bastante rabia. Yo siempre se lo remarco, y él alude a que parece que yo necesite que todo el mundo me dé la razón, o mejor dicho, que doy a entender que “si él no está de acuerdo conmigo, es porque yo asumo que sabe menos que yo”. Esto no es cierto (del todo), pues no necesito ni de lejos que me den la razón. Hay buenas discusiones son meros debates dialécticos, donde al final nadie tiene más razón que nadie, y tan sólo se intercambian ideas, y realmente no hay nada malo en ello. Pero si uno da un dato (que no una opinión) que conoce con exactitud (dato estadístico, económico, una noticia o guarever) y la otra persona dice que no es así, sin más, tan sólo para llevar la contraria, pues no es gesto o argumento muy coherente. Y cuando suele “frontonearme” de manera sistemática, acabo enfadado. Tanto que a veces me altero más de lo que me gusta, y es un comportamiento que no me gusta tener. Puede que yo sea así, pero eso no quiere decir que deba ser así, y por tanto, es una materia que queda en el “necesita mejorar”.

En su defensa he de decir que, debido a ciertas carencias en su formación, sé que a veces le trato con cierta condescendencia. No creo ser más listo que él, pues de hecho, le considero bastante inteligente, pero tiene carencias en ciertas materias (sobre todo humanísticas) que en ocasiones le remarco, no por hacer daño, si no porque creo que es importante que sea consciente de ello. Y puede que eso le siente mal, si yo tampoco soy demasiado asertivo en mis explicaciones. En el grupo de amigos que tenemos, la verdad es que todos nos metemos con todos, y nos reímos bastante cada uno del otro, pero todo muy sano. Deberé reflexionar sobre si mi actitud hacia él es más despectiva que hacia el resto. Puede que sí, aunque sin intención de ser hiriente (es sólo mi opinión. No puedo saber si le duele o no). Además desde hace ya cierto tiempo, intento no alimentar el conflicto, si es que me doy cuenta a tiempo de que la mecha está prendiéndose. Pero seguro que muchos de mis comportamientos hacia él no son los más correctos. O creo que, al menos, durante mucho tiempo, no han sido los más correctos, lo que puede que haya llevado a que esta persona también desarrolle cierto sentimiento de amor/odio hacia mí, pues de otra manera no se explica. No es así con todo el mundo, por lo que, me reitero en la idea de que bastante parte de culpa tengo en este asunto.

Si bien es cierto que piensa de manera muy distinta a la mía en muchos aspecto (economía, sociedad, política…), remarco que no necesito rodearme de gente completamente afín a mí. Es mejor cuando te mueves por diversos frentes, pues puedes aprender de todos ellos, y tengo amistades de todos los pelajes. Entonces sólo me queda pensar que se ha generado una especie de rivalidad estúpida por ambas partes, que no sirve más que para que yo, personalmente, me quede con cierto malestar, y él, pues no sé, siga pensando que tengo la idea de que no tiene ni puta idea, o de que pienso que es un poco inmaduro, o un poco ñiño, o “guarever de fak ji zincs”. El otro día, sin más, en una tarde de terraza y cervezas, detecté el frontonismo sistemático, y decidí no entrar en la batalla, y pensó que me había enfadado “porque no le daba la razón”. Le dije que no, que no necesito que me den al razón. Pero que me parecía agotador tener que escuchar y rebatir al Dr. No en conversaciones estúpidas y sin sentido. Que prefería quedarme callado antes que alimentar el conflicto “que va y viene” entre nosotros. Creo que en parte lo entendió, y se dio cuenta de que su actitud es bastante estúpida, al igual que yo me doy cuenta de que mi comportamiento, sobre todo cuando me altero, es bastante estúpido.

No sé si le mandaré esta entrada para que la lea (no lee el blog), pues sería bueno atajar el problema de raíz. Pero no sé si él será capaz de comprender lo que pienso de la relación, ni si yo seré capaz de comprender y aceptar su comportamiento ni lo que realmente pueda pensar de mí.

La Canción del Domingo BSNV

Bossa Nova

Parece que el verano llega a su fin, y con él, llega la normalidad y la rutina para casi todos, se tenga o no puesto de trabajo. Yo por mi parte, aún me encuentro de vacaciones, pues acostumbro a tomarme el descanso siempre a primeros de Septiembre. Aún así, mi vida nunca es demasiado rutinaria, a pesar de no tener muchos sobresaltos. Anyway, que me voy por las ramas…

Hoy quiero compartir con vosotr@s un disco muy muy chulo, de un genero musical fantástico, que poco a poco se ha colado en mi vida, y que acompaña casi siempre tan bien como el vino blanco acompaña al pescado (o a la pasta, o al marisco, o guarever…). El genero musical es brasileño, y se llama “Bossa Nova” y el disco “Bossa Nova And The Rise Of Brazilian Music In The 1960′s“. Nada nuevo en el horizonte, pero maravilloso estilo. En estos casos, lo más fácil para introducirse de lleno en un género “nuevo” son las recopilaciones. Y aunque no es nuevo para mí, ni puede que para vosotros, os lo recomiendo igualmente. Lo dicho, genial para disfrutar en casi cualquier situación y con cualquier compañía. Casi nada.

(Pincha para descargar el álbum, piratilla)

Flexibilidad/Rigidez

Flexibildad y rigidez

El otro día estaba hablando con una amiga, y me dijo algo que me sorprendió bastante. Era una tontería en sí, pero creo que tiene bastante trasfondo psicológico/sociológico. Esta chica es una ávida lectora,  devora libros sin parar. Pero tiene una regla concreta que intenta no saltarse nunca: no leer por la noche, si al día siguiente tiene que trabajar. Dice que si se lía a leer, se le va de las manos y acaba acostándose a las tantas. Como digo, es una tontería que además tiene sentido. Pero me hizo pensar en las reglas que nos autoimponemos para mantener una vida ordenada y en la medida de lo posible, rutinaria. Ella misma reconocía que le gusta la rutina, y la vida sin sobresaltos, lo cuál puede ser algo positivo. Pero por contra, te deja poco margen para la improvisación. O mejor dicho, cualquier situación imprevista te descoloca.

Eso me hizo pensar en mí mismo, y en mis rutinas habituales. Y creo que, salvo tomarme un té todas las mañanas mientras leo la prensa delante del ordenador, no hay nada más que pueda considerar rutina. Como rutinario me refiero a que todos los días lo haces a la misma hora, o al menos, en el mismo momento del día (trabajar no cuenta ¬¬). Pienso que no tengo hora fija para comer (al menos cuando como en mi casa), ni para cenar, ni para irme a dormir. Muchos sábados en los que me suelo hacer mi ya mítico arrós al forn (yummi!) puedo comer perfectamente a las 4 de la tarde, y otros días que tengo jambre, puede que esté comiendo a las 2 y poquito. Para cenar me pasa lo mismo, pues creo que no he repetido hora de cenar dos noches seguidas desde hace años. Hay días que sobre las 9 estoy cenando, y otros me pongo a cenar a las 12 o más tarde. Eso deriva directamente en una imprevisible hora de acostarme. En otros aspectos, como por ejemplo salir por ahí, no tengo normas, y es muy probable que un sábado noche cualquiera esté en casa, así como también es probable que un martes o miércoles cualquiera quede a tomar cervecitas y se me vaya de las manos. Sin ir más lejos, recuerdo que el año pasado durante el mes de Agosto estuve acostándome entre semana a las 4/5 de la mañana de media, teniendo que trabajar al día siguiente (la situación así lo exigía ;)

Por contra, está la gente que tiene su día a día tan estructurado, que tiene poco margen de maniobra. Gente que, condicionada generalmente por el trabajo, se levanta, come, cena y se acuesta todos los días a la misma hora. También puedo observar que estas personas son, por lo general, gente que tiene la vida “formalizada”, es decir, que vive en pareja, está casada (o lo estará), tiene ñiños (o los tendrá). Sin generalizar (o generalizando hasta el extremo de equivocarme mucho), pero podría decir que la gente que tiene la vida diaria tan estructurada se acerca a la “estandarización” esa de la que alguna ve he hablado (no sin generar cierta polémica).

Sinceramente, tengo que reconocer que le veo bastantes ventajas a éste modo de vida tan automatizado, por cuestiones prácticas. No hay sorpresas, no hay sobresaltos, no hay días en los que duermes 4 horas, no hay días en los que cenas a las tantas. Puede estar bien. Sólo que a mí no me nace de manera natural, no sé muy bien porqué. Intuyo que el no vivir en pareja influye, pues tiene mucho sentido intentar acoplar dos ritmos de vida para buscar esos pocos momentos en común que deja el modo de vida moderna que tenemos. Aún así, recuerdo que cuando vivía en pareja, también tenía un ritmo de vida algo caótico, aunque sí creo que tenía más necesidad de “normalizar” mi día a día, aunque no siempre lo conseguía, por diversos motivos. Intuyo que el caos va conmigo y yo con él.

El espíritu de la escalera… emocional

Escalera

El espíritu de la escalera” es un término que viene a decir algo así como que las mejores ideas, frases, propuestas que puedes aportar en una discusión, reunión, una entrevista, son precisamente las que te vienen a la mente cuando ya estás bajando las escaleras… una vez has acabado el encuentro, y por tanto, ya no sirven de nada. No sé si os ha ocurrido alguna vez; a mí unas cuantas. Por ejemplo. recuerdo una reciente entrevista de trabajo en inglés, donde me atasqué mogollón y acabó saliendo como el culo, y una vez había finalizado e iba de camino al coche, estaba diciendo mentalmente las composiciones gramaticales más perfectas que se han escuchado en inglés desde que Sekspir murió (Dramatización. Puede que no ocurriera así. ¬¬).

Esta especie de síndrome ha calado tanto en mí, que ha creado una variante distinta, que afecta a mis relaciones sentimentales. Su efecto consiste en que siempre que acabo una relación sentimental, más pronto o más tarde me pongo a evaluar a esa persona con la que ya no estoy, y la valoración es mucho mejor que durante la relación. Esto no quiere decir que durante la relación no haya valorado a esa persona como merece, sino que cuando ya no se está con esa persona, se puede ser un poco más objetivo. Y pensando en la mayoría de mis ex-parejas, la sensación que tengo es que no debería haber finalizado la relación. O mejor dicho, acabo pensando que esas ex son la persona perfecta para mí, para una vida común, sólo que quizá en otro momento, no en el que hemos coincidido. Es super extraño tener esa sensación, porque me lleva a pensar que soy un idiota, o un inconformista, o que no aguanto una mierda, o guarever. Pero ya son varias las personas que han pasado por mi vida (dejando huella, I mean), y de las que pienso que serían mis parejas perfectas pasados unos años. Aunque pasan los años (y las parejas), y la sensación y/o/u valoración posterior no desaparece, viviendo un constante espíritu de la escalera sentimental.

Empiezo a pensar que realmente sí que soy idiota (no se aceptan comentarios al respecto…), y que mis relaciones sentimentales suelen (o pueden) ser mejor de lo que yo percibo en el momento de vivirlas, pero mi tendencia a complicar las cosas hasta el extremo (estamos trabajando en ello. Pero cuesta.) hace que me acabe cansando de la relación. Porque además, hace poco me di cuenta de que era siempre yo el que acababa (de manera definitiva) mis relaciones. Esto es algo que también me lo tengo que hacer mirar, porque no puede ser coincidencia. Sé que soy inconformista hasta el extremo (¿puede ser una expresión de cierta inmadurez?) y además demasiado idealista y romántico, lo cuál me lleva a pensar que por el motivo que sea, la relación que tengo no es perfecta, a pesar de saber muy adentro de mí, que las relaciones perfectas no existen. Como siempre se suele decir, el primer paso para superar una situación es reconocerla. Puede que haya empezado a cambiar. Puede que no.

In love we (should) trust…

Love & Trust

Soy una persona que hace un uso intensivo del email, y con mucha mucha gente, es la principal vía de comunicación. Es muy útil para comunicarte con gente que no tienes cerca, pero incluso con cierta gente con la que tengo contacto habitual, suelo enviarme mails. Y sobre todo, con personas con las que tienes confianza o en la que tienes “interés sentimental” (pasado, presente o futuro), pues es muy útil para poder transmitir ciertas ideas o sentimientos de manera mucho más precisa. Como ya he dicho en mil doscientas treinta y cuatro ocasiones, tengo la sensación de que soy capaz de expresarme mucho mejor de manera escrita que de manera oral. Así que, por ejemplo, con mis parejas siempre suelo mantener una intensa relación epistolar, en paralelo a la propia relación que tenemos in “real life”. Algún día, si se publicara toda la correspondencia de emails que he ido manteniendo con diversas personas a lo largo de mi vida (parejas y no parejas), creo que podría salir un libro bastante interesante. Pero bueno, voy a centrarme, que me desvío del tema principal.

En las últimos meses, parte de esa correspondencia que he mantenido con un par de personas, se ha visto expuesta o se ha visto comprometida, y el resultado ha sido nefasto en ambos casos. No voy a dar muchos detalles, pues si mi vida privada ya es coto cerrado, la de las otras personas implicadas ni os cuento. Pero puedo decir que, en ambos casos, otras personas han accedido a sus correos y estos emails les han traído problemas. Y hasta aquí podemos leer al respecto de esto sin comprometer la privacidad de nadie. Bueno, sí que puedo añadir que las personas que han leído esta correspondencia son respectivas sus parejas. Y además, para reforzar el tema del que hablo, os contaré que no hace mucho, otro par de amigas me pidieron consejo (en calidad de informático) para que pudieran protegerse mejor de los vistazos que sus parejas tenían costumbre de echar a sus mundos virtuales.

Y es aquí donde me asaltan las cuestiones que me hacen reflexionar. Esas cuestiones rondan alrededor de la confianza en la vida de pareja. Tenemos claro que la confianza es la base de cualquier relación, y la pérdida de la misma no es la muerte de la relación, pero sí es algo que se arrastra durante mucho tiempo. Entiendo que cualquier persona que lee el correo de otra es por puro vicio, o bien porque cree tener motivos reales para desconfiar de esa otra persona. Pero si no hay motivos reales para la desconfianza (e incluso habiéndolos) es de ser muy canalla. Momento confesiones: yo una vez se lo hice a una pareja, y acabé por confesarlo. Me sentía muy “susio” por ello y decidí que tenía que pedirle que cambiase las claves para no tener la tentación de seguir espiando. No entro en detalles sobre si yo tenía motivos o no para hacerlo, porque la base argumental de este post es que nunca los hay, por muy mal que esté la relación, o por muy poca confianza que tengas en esa persona, por el motivo que sea. Si quieres a una persona concreta y tienes una relación seria, debería ser obligación el confiar plenamente en dicha persona. Y si esa persona te dice A, debes creer que no miente. Y si miente, deberías dejarla casi inmediatamente, por los mismos motivos.

Nunca he sido nada celoso (es algo que no lo entiendo muy bien, pero eso ya se tratará en otro post… si procede), así que igual no termino de entender las motivaciones de una persona que siente celos por su pareja, y quizá ese sentimiento le lleva a tener que “controlarla” hasta tal punto. Pero aún así, no se debería de llevar a este extremo. Sé que este post es muy naif, muy inocente, muy bienintencionado, lo reconozco. Luego no siempre somos capaces de confiar plenamente, o de no mentir nunca, o de no sentir y/o provocar celos. Pero debería ser así. Toda persona que tenga o crea tener un mínimo de madurez emocional como para desear comprometerse (not talking about weddings!!) con otra, con todo lo que la palabra “compromiso” conlleva, debería ser capaz de cumplir estas premisas. Afortunado aquel que es capaz de cumplirlo (casi) siempre. Y no hablo por mí, que luego igual se me tilda de vanidoso. Y lo soy, pero por otros motivos ;)