Good Karma

by guarever

Arbolico

Si creo en algo en esta vida, es en el poder de la mente, y en la conexión con el resto de personas y seres que nos rodean. Así que me siento en la obligación de intentar hacer el bien de manera consciente (o como mínimo, no hacer demasiado el mal), porque ese bien o mal que yo haga, acabará repercutiendo en el mundo, y además, el mundo me lo devolverá a mí. A las pruebas me remito, y aunque no es un resultado científico, a mí me funciona, así que intentaré no cambiarlo nunca. Os cuento la historia de manera lo más resumida posible pero con los suficientes detalles, para que se aprecie la suma de casualidades y lo fortuito de la situación.

Tengo una amiga en el FB, asturiana, a la que no conozco en persona, a la que posiblemente no conoceré nunca (o sí. Pero no tenemos la necesidad), con la que charro casi a diario, y con la que tengo una afinidad cultural e intelectual increíble. El otro día hizo en su muro una referencia al término CT (Cultura de la Trancisión), que es algo que he descubierto hace un año o así, y que me tiene fascinado, porque me ha ayudado como ninguna otra idea a entender como funciona este país, desde arriba (poder) hasta abajo (población). El caso es que salió un libro sobre el asunto hace poco y me lo compré inmediatamente. Y pensé en comprar otro ejemplar y enviárselo por correo, porque pensé que le interesaría. Pero no lo hice. Ni se lo dije tampoco. Y cuando hizo la referencia en su muro, me llamo la atención que ella ya conociera el término y le conté que pensé en enviarle un ejemplar, y que si no tenía el libro, que me diera su dirección, que se lo enviaría sin dudar. Tras una conversación, al final aceptó la propuesta. Así que ayer por la mañana, antes de ir a la office, me pasé por la librería, lo compré y me fui directamente a la central de Correos en la ciudad, para enviárselo. Tomo número para que me atiendan, y en seguida me asignan una ventanilla, donde hay una muy agradable mujer de mediana edad, bastante atractiva, para su edad. Sé que suena un poco mal la frase, incluso algo sexista pero es así, por la diferencia de edad entre ambos. Aunque bueno, ahora que lo pienso, a mí me encantan las mujeres de mediana edad. Por lo general soy muy educado pero bastante rancio y asocial en éste tipo de situaciones protocolarias, pero ayer me sentía totalmente en paz con el mundo, y contento por hacerle el regalo a mi amiga. Así que en menos de 15 segundos, ya estoy hablando con la funcionaria de correos de manera totalmente distendida. Me dice que “qué guay el regalo, un libro recién comprado, bla bla”, le digo que “sí, es para una amiga, bla bla”, me dice que si puede “leer el título, bla bla”, le digo que “por supuesto, bla bla”, me dice que “uy, demasiado difícil para mí, bla bla”, le digo que “es que estamos en tiempos difíciles, bla bla”, y todo muy charming, muy lovely, muy momento conexión (tranquis, que no es una historia de amor, a pesar de estos detalles ;-). Así que seguimos con el protocolo del envío, y me pide que le diga en voz alta los datos de envío, mientras yo la escribo en un sobre y ella en un resguardo. Y cuando llegamos al remitente (o sea, yo), me dice eso que llevo escuchando montonaco de veces desde hace montonaco de años: “uy, qué nombre más bonito! De dónde eres, guapo, bla bla?”. Le digo que “valenciano, pero que mi padre es de Guinea, la antigua colonia, bla bla”. Y ella se queda flipando, porque me dice que su madre estuvo muchos años en Guinea, y que incluso su hermana nació allí (aunque no me dio excesivos detalles, supuse que su padre sería un alto funcionario español en la colonia, o igual un empresario de los muchos que hicieron negocios allí). Seguimos con la conversación, donde cada vez hay más confianza y llegado un punto, me hizo la petición más extraña que he recibido en mi vida. Me dijo que su madre desea una foto a buena resolución de un árbol que crece en Guinea, llamado egombe, que es muy característico porque sus grandes ramas crecen casi a ras de suelo, y quiere colgarla en su casa. Y me dice que lleva bastante tiempo intentando conseguirla, y que le es imposible, porque nadie de los que pudiese conocer allí tiene internet. Y me pregunta si tengo familia allí, y si podía conseguirle la foto. Yo, como buen flipado de la vida que soy, ya estaba totalmente emocionado con lo extraño de la situación, y le digo que por supuesto, que haría lo que pueda por conseguirla. Durante la conversación intuyo que es un deseo de su madre, la cual debe ser ya bastante mayor, y ésta mujer se había propuesto encarecidamente conseguirla, pues incluso me dijo que después de hacer un examen que tenía en unos meses, se iba a dedicar casi en exclusiva a ello. Total, que al final nos intercambiamos los e-mails, y le digo que le iré informando al respecto, y que seguramente podría conseguirla. Nos despedimos y (supongo que) ambos nos quedamos con una agradable y muy extraña sensación.

Lo primero de todo, es que la historia me parece una pasada, por lo curioso de la situación. No es casualidad que mi amiga escribiese sobre la CT en su muro, ni es casualidad que yo hubiese pensado anteriormente en enviarle el libro. Tampoco es casualidad que aceptara que le enviase el libro (a pesar de que al principio me dio que le sabía mal, en un ataque de sentimiento de culpa judeo-cristiano :P). Pero a todas estas puntualizaciones, hemos de sumarle el hecho de que fuese ayer a por el libro y no otro día, que fuese a esa hora determinada a la central de Correos y no a cualquier otra oficina, que me dieran el número determinado que acabase llevándome a su ventanilla y no otro número u otra ventanilla, y que, además, yo ayer me sintiese en plena paz con el mundo, y decidiese dejarme llevar por mi charming en ese momento determinado, y jugase al efímero y adorable juego de querer y dejarse querer en el pequeño momento que compartes con un desconocido, lo cual provocó una conversación de lo más distendida, y que llevó a que ésta mujer decidiese que podía encargarme algo tan personal como un regalo para su madre. Toda ésta suma de detalle sí es fruto de la casualidad, de la teoría del caos, o guarever. Y mi mente no puede evitar relacionar todo con el (bendito) karma, ese que me envía a desconocidos a levantarme la moral. Y entonces recuerdo que hace unos años, mucho antes de tener éste blog, pasé una etapa de auténtica desconexión con el mundo. Estaba enfadado conmigo y con los que me rodeaban. Así que el karma, aunque yo en aquella época no creía en él, me enviaba a gente negativa. Y en aquella temporada, se me acercaba gente de lo más rara por la calle, y me decía cosas muy surrealistas, pero negativas. Yo proyectaba negatividad, y recibía y atraía hacia mí a personas negativas, supongo que enviadas también por el karma. Así que ahora, que me he reconciliado con el mundo, y sobre todo, conmigo mismo, proyecto cosas positivas, y atraigo a gente positiva. Y a veces me ayudan, y otras les ayudo yo, como puede que ocurra con la señora de Correos. So please, just be nice with the world, because the world will be nice with you too…