Esfuerzos y recompensas

by guarever

Esfuerzos individuales
El otro día, una persona conocida me dijo algo que me sorprendió bastante y activó mi piloto automático “thinking/writing about it”. Es un chaval de mi edad más o menos, que está felizmente casado, y que le gusta mogollón cocinar. De hecho en su casa siempre cocina él, nunca su mujer. Y además, parece que se le da bastante bien, y le gusta probar nuevas recetas e innovar. Vamos, que además de los espaguetis carbonara, sabe hacer algo más ;) Lo curioso es que contó que cuando vivía sin su pareja no cocinaba nada de nada. Pizzas y poco más. Me extrañó mucho, pues lo normal es que el chico que es un desastre viviendo sólo, es un desastre en pareja, al menos en lo que a cocinar se refiere. O te gusta cocinar, o delegas esa responsabilidad en tu pareja (another “Guarever theory”, totally verified), pero no empiezas a cocinar una vez vives con tu pareja. En caso de dos desastres, es la mujer quien cocinará, mayoritariamente. Pero el hecho de que cocine mogollón de platos y además super bien, da a entender que realmente no es un desastre en la cocina.

¿Qué es lo que me hizo pensar, diréis vosotr@s, mis avispados lectores? Pues que dio a entender en la conversación, que hizo el esfuerzo de empezar a cocinar por su pareja, pues parece que ella sí que no cocina ni un huevo frito. Como gesto está muy bien, es decir, te casas con la persona que quieres, y te encargas tú de cocinar, en lugar de delegar sistemáticamente esa función a tú pareja, lo cuál sería lo habitual en hombres de generaciones anteriores (y no tan anteriores) a la mía. Pero lo que me llama la atención es que viviendo él sólo no hiciese el mismo esfuerzo. Sé que no es lo mismo cocinar para uno que para más personas, pero desde mi experiencia, diré que al final es cocinar igualmente: tomas medidas, y te haces el plato que te dé la gana. Y si sobra porque te has pasado, al congelador con el excedente. Pero el hecho de que ésta persona pasase de no cocinar nada de nada (filetes no cuenta, gañanes) a ser un buen cocinero (maneja muchos registros: pastas, sopas, arroces, caldos, postres…), encierra una contradicción interesante, y no es otra que el hecho de que por lo general hagamos muchos más esfuerzos por una recompensa externa que por una interna. Me explico.

Éste chico empieza a cocinar por amor, básicamente. Su chica no cocina, así que él se presta a ello. Y estoy seguro (así me consta) que disfruta cocinando para ella, o para gente que invita a su casa. No es nada desdeñable, pues yo mismo disfruto mucho cocinando para mis parejas, o para mi familia, y varias veces al año preparo comilonas para 8/10 personas fácilmente. Pero eso no quita que para mí también cocine. Sería un poco estúpido alimentarme de ensaladas embolsadas, filetes y pizzas constantemente, si soy capaz de preparar platos más elaborados (y nutritivos, dicho de paso). Otra cosa es que no sea capaz de cocinar (some people doesn’t have what it takes. Y no pasa nada!), lo cual no es criticable. O se te da bien o no. O disfrutas haciéndolo o no. Pero ser capaz y no hacerlo por y para uno mismo, es un acto de estupidez, si lo haces para los demás.

Pensad ahora en la cantidad de esfuerzo que hacemos por dinero. Por un salario y bienestar económico que en teoría nos ofrecerá un trabajo determinado, estudiamos largas carreras universitarias. A pesar de ser vocacionales en muchas ocasiones, estos estudios nos obligan a tragarnos un montón de tostones adicionales en forma de asignaturas obligatoria, que aunque estén relacionadas con la materia, no son precisamente lo que nos gusta aprender de dicha carrera. Y luego, una vez trabajamos, igualmente asumimos una serie de obligaciones, comportamientos, rutinas, y en definitiva esfuerzos, que si la compensación no fuese económica, difícilmente llevaríamos a cabo. En este sentido tiene mucho que la cantidad de inquietudes que tengas, pero, por lo general, la gente no madrugaría diariamente por una gran cantidad de cosas que le satisfarían a uno mismo, y sí lo haría por la obligación de conseguir dinero para vivir.

Dejando de lado las implicaciones obvias inherentes a lo que supone tener o no un trabajo para la mayoría de personas (no soy tan demagogo: sé que la mayoría tenemos que trabajar para vivir), creo que deberíamos esforzarnos por nosotr@s mism@s como individuos (no confundir con ser más egoístas), y que dicho esfuerzo no sólo se realice a cambio de un refuerzo externo del tipo que sea: emocional, económico, social… ¿Seríamos capaces de vivir en una ecoaldea, por ejemplo, y currarnos la construcción de todo lo necesario para vivir, sin recibir dinero a cambio? Sería un claro ejemplo de trabajar por y para nosotr@s y para la comunidad en la que convivamos. Y creo que no todos seríamos capaces de hacerlo. Parto de la base de que el urbanita de hoy día difícilmente sería capaz de “sobrevivir” en un medio rural/natural propio de una aldea o pueblecito pequeño, porque no ha tenido que hacer casi nada manualmente en su vida. Pero no deja de ser una situación idílica en la que no te esfuerzas por una recompensa monetaria únicamente. Y además es una solución perfecta para muchos de los 5 millones de parados que dicen las encuestas pueblan nuestro país. Yo me lo planteo como una posibilidad a medio plazo, y eso que tengo trabajo, porque como ya he dicho a veces, la ciudad no está hecha para mí (o yo para ella…)