Cosas que me hacen pensar que la gente estándar está un poco mal de la cabeza…

by guarever

Will you marry me?

Como sabéis, tengo una cruzada personal contra el pensamiento único y el aborregamiento social, que en el caso de la gente que me rodea y, por tanto, a la que puedo observar más detenidamente, son calificadas por mí como “Gente Estándar” (en adelante, GE). Como sabiamente me dijo el otro día un pájaro, uno de mis principales defectos es que, cuando hablo sobre algo, doy por sentadas muchas cosas que en mi mente están muy claras y argumentadas, y puedo caer en el riesgo de que mi idea se confunda con un prejuicio, si no se da todo el razonamiento que yo previamente he obtenido (mediante cavilaciones que pueden alargarse hasta el extremo, en algunos casos). Y eso me pasa ciertas veces cuando hablo de los GE. El post de hoy no va a ser una argumentación sobre la gente estándar, pero sí será una muestra de una de las bases de mi teoría sobre los GE, y no es otro que TODOS piensan exactamente igual sobre una serie de materias (sobre todo sociales), y dan poca cabida a interpretaciones o comportamientos diferentes.

Lo que os cuento es real, de esta mañana mismo, en una conversación en el curro. Que conste que son mis compañeros, y los aprecio, y me llevo muy bien con ellos. Pero en ocasiones flipo con algunas cosas. Digamos que hay 3 o 4 compañer@s que son MUY GE. Y luego quedamos 3 que cada uno es de su padre y de su madre. Estábamos hablando sobre bodas, bautizos y comuniones. De hecho, ahora que lo pienso, yo no estaba participando activamente en la conversación (poco tengo que aportar en esos temas, salvo trollear), pero sí atendiendo. De una cosa se pasaba a la otra y al final, la conversación se ha encallado en el tema “regalos/sobres con pasta” en las bodas. Y más o menos, por lo que decían, todos los GE (los cuales, no debería hacer falta decirlo, pero lo digo, están casad@s) echaban en cara a gente que había ido a sus bodas y que habían dado poca pasta. Y sus argumentos eran del tipo “hombre, si las cosas les van bien, deberían dar más pasta de la que dieron, bla bla bla”. Y mi “socio” (es con quien mejor me llevo) y yo flipamos un poco, porque entendemos que si invitas a alguien a tu boda o a cualquier otro evento de este tipo, es porque te apetece que esté presente en ese día tan especial. Y si te da algo, bien, y si no también, porque el objetivo es precisamente que esté en tu día, no que “aporte pasta a tu día”. En cierto modo, los GE no estaban en desacuerdo con esta idea, pero aún así, todos han despellejado a gente que fue a sus bodas y que no aportó demasiada pasta, cuando en teoría podía haberlo hecho.La conversación seguía por ahí, con sus típicas idas y venidas. Y de repente, una persona ha dicho algo que me ha despertado de mi letargo y mi pasividad conversacional, básicamente, porque me parecía totalmente increíble. Ha dicho, literalmente, que guarda una lista con la gente que fue a su boda y lo que aportó cada uno de ellos. Y así, cuando se fueran casando, sabía más o menos cómo comportarse con ellos. Os juro que no daba crédito a lo que acababa de escuchar, y me he girado varias veces hacia esa persona, yo con los ojos como platos en plan “no me lo creo”. Y me decía que había comprobado en más de una ocasión que lo que había dado en alguna boda, es lo mismo que había recibido de esa persona en la suya, así que es más que probable que lo de la lista no fuera solo cosa suya, sino que estaba extendido. O si no es una lista, al menos es buena memoria y un poco de mala baba o rencor, como queramos llamarlo.

A mí todo este tipo de comportamientos, que por otra parte, están más que extendidos, me parecen aberrantes. Lo primero es que hablando con los GE descubres que la mayoría de las veces van a las bodas por compromiso, y ese mismo compromiso es lo que les hace invitar a ciertas personas. Eso traducido a mi lenguaje sería algo así como “tú me haces la putada de invitarme a tu boda, lo cual no me apetece nada, y además, me va a costar una pasta, así que cuando me case, no te libras de ir a la mía”. Es una idea de lo más retorcida, pero que se da mogollón, por lo que veo. Pero aún así nadie es capaz de decir “oye mira, que lo siento, pero no me apetece ir a tu boda, aunque te deseo lo mejor”. Yo sí lo he dicho en más de una ocasión, lo cual no me convierte en mejor persona, dicho sea de paso. Pero igual sí en alguien más honesto, quiero creer. Al contrario, los GE intentan poner excusas del tipo “lo siento, pero tengo otra boda ese mismo día por parte de mi cari, y ya he dicho que iba” o “tengo ya reservado un viaje que no puedo cancelar” o cosas por el estilo (son excusas reales que conozco de primera mano). Me gustaría pensar que es mejor ser honesto y hacer lo que realmente le apetece a uno, que tener que asumir compromisos que no queremos, o poner excusas baratas para evitarlo. O peor aún, tener que hacer listas con la pasta que la gente aportó a mi boda para saber cuánto me costará la boda de esa persona en el futuro. Pero como ya sabéis, cada vez creo menos en mis propias verdades absolutas, y puede que sea yo el que está equivocado. Who knows??