Contradicciones e incoherencias

by guarever

Cotradicciones

Que vivimos una época socialmente convulsa no es necesario argumentarlo en profundidad. Los cambios sociales que vivimos de manera abrupta, sin control aparente, sin fin determinado, se dan año tras año, unas veces aquí, otras allá. Hoy es México el país que sale a la calle, ayer fue Espain, antes de ayer, Egipto. Pero a nivel colectivos sociales más específicos ocurre lo mismo: hoy son los jóvenes estudiantes por los recortes, mañana son los católicos porque quieren ver al Papa, al otro son los gays y lesbianas porque quieren casarse, al otro son las minorías étnicas francesas que se ponen a quemar coches, o los jóvenes de clase baja ingleses, que se dedican a saquear tiendas sin control.En fin, que socialmente hay tal cantidad de conflictos, que es imposible (para mí) analizarlos y buscar un origen y un destino de tales situaciones.

Lo que más me llama la atención de esta situación social convulsa, extrema, apocalíptica, conflictiva es la cantidad de contradicciones que se dan a diario, contradicciones e incoherencias de muchas personas que mantienen una actitud ideológica (o simplemente defienden unas ideas determinadas), pero que son totalmente contrarias a sus intereses, o incluso a sus actuaciones. Son muchos los ejemplos en este sentido que me llevarían a entender que o bien se defienden ideas que no se entienden (eslóganes vacíos, tan propios de hoy día), o bien el cinismo y la hipocresía se han adueñado por completo de la mente de las personas. Casos que me llaman mucho la atención son, por ejemplo, el de las jovencitas de corte feminista (desde un punto de vista clásico), que siguen explotando sus atributos sexuales como reclamo, y que siguen deseando encontrar a su príncipe azul, que por otra parte, ya saben que será imposible lograr, tanto porque el feminismo que han absorbido así se lo “demuestra”, como porque sus propias experiencias sentimentales le llevan a confirmar tal teoría. No me corresponde a mí valorar si es que han tenido mala suerte eligiendo pareja, o si su actitud feminista combativa ha podido afectar a la propia relación. Habría que diseccionar cada ejemplo con profundidad, pero es incoherente reivindicar la independencia femenina hasta el máximo extremo, y desear encontrar una pareja que responda a un rol masculino clásico. Algo falla en la ecuación. En este sentido, he conocido algún caso concreto (da igual si es hombre o mujer) que es la paradójico, de una persona súper de izquierdas, muy independiente y liberal, muy “abajo el capital”, pero que anhela hacerse rica (vivir bien, como se suele decir eufemísticamente), o incluso no descarta la idea de encontrar a una pareja millonaria que la mantenga. Really strange…

Otro ejemplo relacionado con la ideología y las contradicciones es muy significativo para mí. Manifestaciones tipo 15-M, con lemas anticapitalistas bastane claros, cuyo transcurso es retransmitido, posteado en Feisbuk y tuiteado “in real time” mediante los iPhones de a 500 leuros de los asistentes a la mani. O personas de clase media alta, que defienden el comunismo cubano a las tantas de la mañana en una discoteca, mientras van hasta el culo de todo. Sería importante decirle a los primeros que sus iPhones son el mejor ejemplo de capitalismo: productos que cuestan 50€ hechos por chinitos que cobran una miseria, y que son vendidos por 500€ para que tú, que puedes pagarlos, hagas rico al que tuvo tal feliz idea de negocio. O a los segundos decirles que el comunismo cubano es viable porque todos cobran una miseria, sean abogados o médicos, y que, seguramente, no podría estar manteniendo la conversación que ebriamente mantiene a tales horas debido a la represión ideológica que se vive en tal estado (aunque en otros aspectos viven mejor que nosotros). Los casos que comento son verídicos, de personas que realmente no son cínicas o hipócritas de manera deliberada. No presentan una cara (demasiado) distinta en según que situación se encuentren. Pero tales incoherencias son muy significativas.

Mi opinión, o mejor dicho, mi teoría es que el lenguaje está totalmente devaluado, pervertido (maravillosas las últimas columnas de esa gran persona que es Juanjo Millás. 1 y 2), manipulado. Los mensajes que recibimos constantemente son contradictorios: tienes que ahorrar dinero y pensar en tu futuro, mientras que gastas lo máximo posible en cosas que no necesitas (pero que anhelas); tienes que ser tolerante con las ideas de los demás, pero defender casi a muerte las propias; tienes que respetar las normas de tráfico, pero conducir un vehículo potentísimo; debes ser un macho alfa, pero emocionarte y llorar con la victoria de tu equipo de fútbol; debes ser solidario, pero competitivo hasta el extremo; participar en el mayor número de eventos sociales posibles, pero ser individualista y defender/pelear por tu espacio único, personal e intransferible; tienes que amar a tu pareja hasta la muerte, pero desear lascivamente a tu vecino o vecina. El bombardeo de contradicciones desde diferentes canales informativos (instituciones, medios de comunicación, publicidad, ámbitos sociales, educativos, de ocio…) es impresionante. Y está demostrado a nivel psicológico que si un niño recibe mensajes contradictorios ante una misma situación, se ralla. Llegado un punto, no sabe discernir el bien del mal, no sabe qué actuación es la que le recompensa positivamente y cual le supone un perjuicio. Está claro que no somos niños, en lo que a edad se refiere, pero emocionalmente, muchas personas nunca pasan (pasamos) de cierto estado primitivo, lo que las (nos) convierte en auténticos inmaduros de por vida. Así que esos mensajes contradictorios que nos acompañan a diario, que asimilamos de manera mucho más profunda de lo que estamos dispuestos a reconocer, porque somos independientes, libres, inteligentes, y tenemos capacidad de decidir en todo momento por nosotros mismos. Ja!!

Así que entre que el lenguaje está manipulado (y por tanto, las palabras ya no cumple su función primordial de unir significante y significado), y que la gente no hace un gran esfuerzo en analizar y seleccionar sus palabras de manera correcta para argumentar sus posturas, acabamos por caer constantemente en increíbles contradicciones, en ocasiones hasta obscenas. Si tuviéramos el tiempo (y sobre todo, la capacidad y las ganas) para analizar de manera más profunda lo que pensamos, deseamos y sentimos, seríamos capaces de explicar la mayoría de nuestra acciones y actuaciones a los demás, y lo más importante, a nosotros mismos. Como bien dice un montón de gente (en mi caso, mi amigo el replicante, pero me imagino que la frase no será suya. O igual sí), todas las discusiones se producen por diferencias semánticas. Malos entendidos entre aquello que queremos decir, y aquello que entiende el receptor del mensaje. Igual es que esa persona no ha entendido bien, o igual es que uno no se has expresado con corrección. Pero es todo cuestión de términos, y de que esos términos sean aceptados por todas las personas que hablan el mismo idioma. A nivel interno y rumiatorio pasa lo mismo: es importante poder poner palabras a aquello que nos preocupa o que nos atormenta, para una vez comprendido, ver cual es la solución que se puede llevar a cabo. Ardua tarea, I gues…