Consecuencias de la crisis

by guarever

Vendiendo kleenex

Estoy obsesionado (a baja escala) con algo concreto que veo a diario. Paso todos los días por delante de un CC, y hay una persona que me llama mucho la atención, pues está vendiendo kleenex en un semáforo al lado de dicho CC. La isleta de éste semáforo ha sido utilizado durante miles de años por miles de personas para vender miles de pañuelos de papel, ensuciar limpiar miles de cristales de coches, o directamente pedir miles de leuros en calderilla, por lo que no debería de sorprenderme el hecho en sí. Y no lo hace. Lo que me llama la atención es el tipo de persona que está vendiendo pañuelos. Históricamente, la venta de pañuelos y petición de donaciones de calderilla (voluntariamente o no) en la calle estaba reservada a ciertos colectivos de perfil underground: yonkis, inmigrantes sin papeles, jomeleses, y en definitiva, personas que no se integran ni participan en los mecanismos “normalizados” de ésta sociedad, ya sea por voluntad propia, o porque la propia sociedad los expulsa (tengo una teoría al respecto de estos excluidos sociales, pero quizá la desarrollaré otro día).

Pero esta persona no pertenecía a ninguno de estos colectivos, sino que era un señor de mediana edad, totalmente “normal” (con todo lo incorrecto, por “bienpensante”, que engloba de dicho término, que no me gusta nada). Podría ser mi vecino, o un antiguo compañero de trabajo, o si me apuras mi padre o el tuyo (con matices que luego explicaré). En cuanto lo vi, me llamó mucho la atención y lo comenté con mis 2/3 círculos más cercanos, porque era un claro ejemplo de lo dura que puede ser la crisis para ciertas personas. Y lo curioso es que dos personas más me han hablado de éste señor por su cuenta, haciendo referencia a que eran conscientes de que no pertenecía a dicho hábitat pedigüeño. Y es que salta mucho a la vista: señor de unos cincuenta, vestimenta estándar: pantalón de pinzas de señor de cincuenta años, su camisa de colores claros, chaqueta del carrefour, sus zapatillas deportivas, su gorra (no de propaganda) para cuando aprieta el sol, y sus gafas de visión de señor. Dado que lo veo casi todos los días con mucho interés, he buscado un patrón en sus movimientos, y se nota a la legua que no es muy hábil en la venta ambulante: está en la isleta de la avenida, esperando a que se ponga el semáforo en rojo, y cuando paran los coches, va pegado al seto central, y ofrece pañuelos a los cuatro primeros coches de la fila más cercana a él, y se vuelve otra vez a la isleta. Después de muchos años cruzándote con los que sí son hábiles en la venta y molestias ambulantes, sabes muy bien que se meten entre coches, ofreciendo su producto al mayor número de personas posibles, incluso a acompañantes, no sólo a los conductores. Incluso los que limpiaban cristales (que parece que han cambiado de sector, pues ya no se ven) tenían una elevada perspicacia para ofrecerte tus servicios, y a pesar de tus insistentes ‘noes’ iniciales (que recibían de todos los conductores), eran capaces de detectar si eres una persona un poco “blanda” en tiempo récord, para, empezar a limpiar tus cristales sin tu consentimiento, y pedirte luego dinero por el “trabajo” realizado. Y su “aracnosentido” les permitía saber, con bastante precisión, si le darías algo aunque fuese por vergüenza. Resumiendo un poco todo esto, quiero decir que la gente que habitualmente se daba a estos menesteres era MUY avispada, con una capacidad para la supervivencia bastante desarrollada. Pero éste señor no dispone de dichas habilidades.

Me gustaría, sinceramente, pararme un día y estar un rato con él, y preguntarle un montón de cosas que una parte de mí ansía saber. ¿A qué se dedicaba antes de vender pañuelos? ¿Cuánto hace que lleva en esa situación? ¿Debe mucho dinero (hipoteca, I guess)? ¿Saca mucho dinero vendiendo kleenex? ¿Cree que podría buscar alguna alternativa a la venta ambulante? No sé, me gustaría saber de su vida, ver qué ha hecho para llegar a esa situación, y que le lleva a pensar que su única salida (en estos momentos) es vender kleenex.

Somos un país pobre, y siempre lo hemos sido, aunque durante unos 10 años hemos vivido en una nube. De hecho, España debe casi 4 BILLONES  de leuros, entre lo que debe el Estado, las empresas y las familias. NO éramos un país rico, sino que éramos un país con acceso a dinero barato, lo que hemos confundido con ser ricos. Y como antes sí éramos pobres, no era algo inusual escuchar frases como “si hace falta, me voy debajo de un puente” o “si tengo que vender kleenex, pues lo vendo”, o “si tengo que robar, pues robo”, ante la teórica situación de encontrarse con verdaderos apuros económicos. Intuyo que la venta ambulante era el maravilloso plan B del señor del semáforo, al igual que el mío sería irme a una ecoaldea, o al igual que una amiga/amada pensaba irse a hacer tortillas de patatas a una plataforma petrolífera (true story! Muacks ;-). Lo que pasa es que antes la vida no era tan difícil como de repente se ha tornado para muchos. Y lo que antes eran conversaciones sin sentido, ahora se convierten en realidades. Cuando antes decía que ese señor podría ser mi padre o el tuyo, decía que tenía matices, pues intuyo, sin demasiado margen de error, que nuestro amigo es una persona de perfil cultural/educativo bajo, que habrá trabajado mucho tiempo en puestos de escasa cualificación. E intuyo que nuestros padres no son de un perfil tan bajo. Pero podrían encontrarse en la misma situación financiera, aunque debido a sus diferentes perfiles, seguramente actuarían de otra manera en eso de buscarse la vida. No en vano, ayer decía la prensa que 3 de los 5 millones de parados en Espain (60%) no acabaron la ESO (y eso que hace un par de años estaba al 80%), así que a gente con menos educación, menos oportunidades para buscarse la vida. So sad :'(