
Esta es una pequeña reflexión al respecto de ese invento del demonio, tan necesitado a veces, como engorroso otras. No es ni más ni menos que el teléfono móvil. A veces, me doy cuenta que puede saber mucho de una persona según sea su relación con el móvil. O mejor dicho, según sea su relación con el móvil… cuando está con más personas. No entraré a valorar si los móviles son necesarios o no, si hay que ser cool y llevar un iPhone o se puede ser cool llevando un móvil de hace 7 años. No, eso se lo dejo a cada uno. Lo que voy a valorar es como la gente utiliza el móvil en compañía del resto.
Como ya sabéis de sobra, soy un mar de prejuicios, y me dedico a criticar comentar casi todo lo que me llama la atención. Pues bien, dentro de mi mar de prejuicios, hay un espacio reservado para todos aquellos que, en compañía de otras personas, anteponen cualquier llamada a la propia compañía. Me explico. Seguramente os habrá pasado que estáis con alguien y de repente recibe una llamada, y automáticamente coge el teléfono y se tira varios minutos con una conversación que podría durar segundos, o sencillamente, posponerse. Me parece un poco falta de respeto hacia la persona que te acompaña. Descartemos por supuesto, las llamadas necesarias, pues me refiero a las llamadas tipo messenger rollo: ¿donde estás?, ¿que haces?, cuéntame algo… y similares.
Otra gente curiosa es la que se siente importante hablando por teléfono. A estas personas les encanta que les veas hablar, y por eso gritan sin ningún pudor, y te miran para comprobar que te has dado cuenta de su presencia. Una subespecie de este grupo son los que están haciendo algo que consideran importante, y tienen que llamara a alguien para contárselo. Me han llamado la atención un par de casos así en el furgol. Gente que no va habitualmente al campo, y necesitan “compartir” esa emoción en forma de llamada telefónica (uno era amigo mío). Son llamadas del tipo messenger, pero con información adicional. Y podría cambiarse el furgol por un concierto de X, o por cualquier otra cosa que te guste.
-Hola Pepito! -Hola Fulanito. Que tal? - Nada, bien. Que haces? -Pues en casa. Y tú? – Nada, aquí en el fútbol -(En estos momentos, el que está en el fútbol espera algún tipo de expresión que denote admiración o envidia, cosa que no ocurre, por lo que la conversación vuelve a ser estúpida como al principio) -Ah, muy bien. Yo me voy a cenar en un rato. -Ajá. Pues nada, ya hablamos.
Por suerte, la mayoría de la gente con la que me relaciono, hace un uso responsable y considerado del móvil. Recuerdo que hace un año más o menos, debido a mi gran inteligencia [/ironía], me quedé un par de meses sin número de móvil, y creo que fueron los meses más tranquilos de mi vida. Pero bueno, volví a disponer de móvil, más que nada, para que no me extraditaran a Marte.
(Nota: para que veáis que me estoy reformando en eso de criticar, no voy a comentar nada acerca de los ñetas que van escuchando en sus móviles reggaeton en el metro, o cualquier otro sitio público, y por supuesto, cerrado, que jode más…)

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