
Llevo unos cuantos días deseando tener tiempo para escribir esta entrada, pero entre que estoy trabajando de nuevo, y que he tenido un asunto en mente que me ha ocupado mucho tiempo esa semana (bendito asunto ;-), lo he ido dejando y dejando. Pero ya es hora de abordar el tema, antes de que se me pase. El otro día escribí acerca de la gente que se quejaba de vicio, y puse como ejemplo a los funcionarios. Un buen amigo (un saludo a todos los Jedi-lovers around the world!!), a través de los comentarios me dio un toque de atención, pues pensaba (con razón) que cuando nos quejamos de los funcionarios, se generaliza a todos, y por lo general, las quejas son aplicables a la administración pública (siguiente, por favor…).
Como digo, tiene razón, y me gustaría hacer una distinción. Pensé sobre ello y creo que se debería separar a dos tipos de funcionarios: los vocacionales y los “quiero vivir bien currando poco“. Los vocacionales son aquellos que eligen una rama de algún servicio público muy concreto, básicamente porque les apasiona el trabajo. Entrarían los policias, bomberos, militares, la mayoría del personal sanitario, y los profesores. Puede que me deje alguno más, seguro (¿¿los jueces??). Por otro lado, los “quiero vivir bien currando poco” serían básicamente la administración pública, esa que nos da tantos problemas, nos exige tantos papeles, pero que no en vano, es necesaria, sin duda. Este segundo apartado es el conflictivo, pues estos funcio1narios son los que se pegan el curro padre para aprobar la oposición, y se creen que ya no necesitan volver a ser productivos. Para qué? Si no les van a tirar… Algunos de vosotros sabréis que una persona muy cercana a mí, trabaja para la administración, pero a través de una empresa privada. Va a realizar el trabajo que los funcionarios no realizan, debido a su baja productividad, lo que supone pagar dos veces por el mismo puesto de trabajo.
Quiero destacar también que algunos de los “vocacionales”, no lo son tanto. Por ejemplo, los profesores antiguamente era gente a la que le gustaba su trabajo. De hecho se preparaban para ser maestros a través de una carrera específica, no con una licenciatura y punto. Ahora, la mayoría de ellos son gente que, dada la poca ocupación que hay de su rama, deciden opositar para tener trabajo. Un muy buen trabajo. He de decir que, mucha gente de mi generación está empezando a impartir clases (tengo profesores de mi edad), y son realmente buenos en lo que hacen. Están preparados, y como hace tiempo que tienen asumido que van a ser profesores, lo hacen de buena gana. De vez en cuando te encuentras alguno que, ni tiene la formación necesaria, ni sobre todo las ganas. Pero esos han existido toda la vida.
No voy a hablar ahora de si se quejan o no se quejan, porque ya sabéis lo que pienso (they really do) y paso de repetirme. Si que os aconsejo que leáis los comentarios del anterior post, pues completan muy bien, tanto aquella entrada, como esta.

De qué manera se beneficia la sociedad del trabajo de los funcionarios? Esto es lo que me pregunto. Es que no me cabe en la cabeza que sigamos empleando un sistema que deja al trabajador sin ningún tipo de motivación a la hora de realizar bien su trabajo. Sin duda los funcionarios no tienen la culpa. Si yo fuera un día tras otro a trabajar y cobrase lo mismo haciéndolo mal, que haciéndolo bien, es evidente que pronto me cansaría de esforzame por hacerlo bien. Creo que todos aprendimos a una edad temprana cómo funciona la “ley del mínimo esfuerzo”. El sistema debería de tener mecanismos para incentivar el buen hacer, de la misma manera que debería tener mecanismos de sanción en caso de que el funcionario no haga bien su trabajo.
El caso de la educación me parece aún más preocupante que el de la administración. En estos últimos años he tenido la oportunidad de conocer a más de un profesor/a, con ningún interés en la docencia. Hay un profe de mi escuela, un auténtico capullo integral, que el primer día de clase con sus alumnos, se asoma a la puerta y dice: “hoy no me apetece dar clase, comenzaremos la semana que viene”. Y se pira, sin más. Hay derecho a ésto? Y ese tipo que detesta dar clases lleva años viviendo a cuerpo de rey, y ni si quiera se le cae la cara de vergüenza. ¿Por qué se comporta así este señor? Porque puede.Y como puede hace lo que le da la gana. Esto es una consecuencia directa del trabajo bendito para toda la vida. He dixo!
No estoy de acuerdo con Eva: es absurdo pensar, en plan “El buen salvaje” de Rousseau (según el cual, hablando muy superficialmente, el hombre es bueno por naturaleza hasta que la sociedad lo convierte en un miserable hijodeputa), que la gente es supertrabajadora hasta que se encuentra con un trabajo chollo que le permite tocarse los huevos: eso es una enorme y absurda falacia. En mi vida de estudiante he trabajado de muchas cosas: músico, peón de albañil, camarero, profesor… y en todos y cada uno de estos trabajos he encontrado gente muy trabajadora y gente que se toca los huevos hasta casi desintegrárlos a base de rozamiento y no ha sido en la docencia donde más ejemplares de estos he encontrado, ni de lejos. El hecho de tener, o no, una ética profesional no viene dado por el tipo de trabajo que realizas ni por sus condiciones laborales: es algo que cada sujeto, cada especímen, desarrolla por sí mismo en base a sus experiencias e inquietudes (sobretodo inquietudes). Ni siquiera el hecho de poseer unas condiciones laborales que faciliten el desarrollo de tal ética profesional es razón suficiente para suponer que dicha inercia sea la base esencial sonre la cual se construye una falta de ética profesional. Actualmente trabajo de camarero en un hotel: el puesto, en comparación con el resto de los que he ocupado en el sector de la hostelería es una delícia; aún así, detesto profundamente la labor de camarero. Sin embargo, he descubierto que, en muchos casos, mi ética profesional es sensiblemente superior a la de muchos compañeros a los que les gusta dicho empleo y que saben que ése será, probablemente, su trabajo de por vida.
Los funcionarios que se tocan los cojones, o los ovarios, lo hacen no por ser funcionarios, sino por desear tal tipo de existencia, no niego que determinadas condiciones laborales faciliten dicha actitud, lo que niego rotundamente es que la CREEN.
pa el de los jedis:
no creo que el hombre sea bueno por naturaleza, y desde luego trabajador tampoco, jeje. Y te lo dice alguien que siempre ha tratado de hacer sus trabajos varios lo mejor posible. Sólo digo que si no hay ninguna consecuencia para la gente que hace mal su trabajo, pues esa gente que decide tocarse las pelotas lo seguirá haciendo.
Coincido contigo en que no creo que sean las condiciones laborales las que facilitan esa actitud, pero es un caldo de cultivo maravilloso para que proliferen y se reproduzcan. Así que coincidimos en que la ética profesional depende sobre todo de cada individuo, pero no me dirás que la ética de cada uno no se ve influída por las circunstancias (en este caso, laborales).
Ale pues, que la fuerza sea con todos vosotros :P
Eva vs El de los jedis Round 1:
Lo primero de todo, me encanta generar este tipo de debates.
Jedi #1 tienes razón en que la naturaleza del trabajo no genera comportamientos o actitudes de vagancia o de incompetencia, pero como bien remarca Eva, si los incentiva. Si no tienes que cumplir con unas exigencias mínimas en cuanto al rendimiento, es casi impensable que te esfuerces más para conseguir algo, independientemente de tu ética profesional.
Otro problema (o no) del funcionariado es la dificultad (por lo general) para escalar posiciones por méritos propios. En la empresa privada, se tiene ese incentivo añadido, pues si realizas bien tu trabajo, puedes ascender de categoría. El la administración debes volver a examinarte para obtener un puesto mejor (también en el ejercito, policía, etc). Esto es un aliciente negativo a la hora de motivar al personal.
De todas formas, puede que sea incluso beneficioso, pues existe una máxima, ley, teoría o guarever en la empresa privada, que dice que por lo general, si haces bien tu trabajo serás promocionado. Si lo vuelves a hacer, volverás a ser promocionado, y así tantas veces como sea necesario hasta que llegues a ocupar un puesto para el que realmente no estás capacitado. Y ahí te quedarás. Me imagino que esto se extraerá de las multinacionales, no de “Talleres García”. Es ilógico, pues es más fácil premiar a alguien por un trabajo bien realizado de otra manera (aumentos de sueldo, incentivos, vacaciones, etc), que no darle un puesto de trabajo con unas funciones para las que no está capacitado. He trabajado mucho tiempo de repartidor, y era relativamente feliz (además de ser bastante bueno). En una empresa querían premiarme haciéndome comercial, el puesto superior en al escala. Rechacé el puesto, porque no soy buen comercial, y porque prefería un aumento en mi puesto, en el que si que rendía.
(Nota: algún día hablaré sobre lo que pienso de los comerciales. Solo un adelanto para mis alumnos más aventajados: los argentinos son GRANDES comerciales. No digo más ;-)
Te repites mucho
PD: estoy viendo a really nice hole RIGHT now