
Piensa en una persona, la que quieras. Piensa en su felicidad, en su cultura, en su belleza, en su estilo, en su… vida. Cómo valoras cada uno de esos aspectos? A no ser que seas cuasi extraterrestre, seguramente lo harás a modo comparativo con respecto a ese mismo item en tu propia vida (aunque por lo general no te des cuenta). Pensarás: “ese chic@ es más list@ (o más tont@) que yo. Ese chic@ es más guap@ (o más fe@) que yo. Ese chic@ es más feliz (o infeliz) que yo”. Siempre valoramos las cualidades, positivas o negativas, en comparación a nuestra propia vida. En cierto modo tiene algo de sentido: la mejor manera de valorar algo es compararlo con una referencia que ya conocemos. Pero creo que es un error hacerlo así, porque no es más que una extensión del mundo competitivo en que vivimos.
Parte de mi observación, tanto interna como de la gente que me rodea, me lleva a pensar que la idea que obtengamos de una persona determinada (en comparación a nosotros mismos) será algo ficticia, porque lo más probable es que tengamos que rellenar suponer gran parte de su vida. Por tanto, es arriesgado decidir si es o no es feliz, por ejemplo. Creo que todas las personas tienen problemas o situaciones que les llevan a agobios y aquí no se libra nadie, da igual su condición socioeconómica (que quizá es la más determinante. Ahora y siempre!) Otra cosa es que tú pienses que sus problemas son absurdos, banales, superficiales o guarever. Pero si para esa persona es un problema, las sensaciones que le repercute tal situación pueden ser tanto o más intensas como lo sería buscar techo para un jomelés en una fría noche de invierno. O buscar trabajo para un parado de larga duración, y así nos ajustamos más al contexto patrio. Y creo que con otros aspectos pasa lo mismo. Podemos pensar que somos más listos o más cultos que otra persona (y puede ser cierto aparentemente), pero os aseguro que cualquier persona escogida al azar va a saber desenvolverse mejor que tú en algún que otro ámbito al que tú puedes darle una importancia menor. True story, my friends. Puede no haber leído a Proust, o no entender a Foucalt, o no saber qué es la prima de riesgo, o puede no apreciar la pintura abstracta, o incluso puede no saber las tablas de multiplicar (wink). Pero será más hábil que tú en algún ámbito o contexto. Ley de vida en el ser humano, ser social por excelencia. Y bueno, si nos basamos en términos de belleza, aquí la sorpresa es incluso mayor. Más allá de ciertos criterios estéticos de moda que harán subirnos puntos en la característica “belleza” en esa partida de rol que es la vida, cada persona tiene una belleza propia. Y aunque tú pienses que una persona es fea, seguro que alguien la encuentra bella. Así como también da igual que te consideres la persona más bonita del mundo, seguro que hay gente a la que no le atraes lo más mínimo. That’s how beauty works.
Por tanto, en mi opinión, pensar en términos comparativos es un error. Además, por lo general, esas comparaciones se tornarán en admiración si pensamos que está por encima de nosotros en el aspecto observado, o bien en condescendencia, paternalismo, rabia e incluso desprecio, si pensamos que somos mejores que esa persona. Y esa sensación va más allá de la simple comparativa, que por sí misma, como decía al principio, no tiene por qué ser negativa. Así que creo que deberíamos valorar a la gente como sujetos únicos, personales e intransferibles, y pensar que son felices, hábiles, guapos y guapas (o no) en relación a sus propias circunstancias, y no las de uno mismo, pues seguramente, las relaciones personales mejorarían un poco. Bona nit.

Guarever dijo:
las relaciones personales mejorarían un poco.
Who needs friends when you have…
PD.Hace tiempo que no haces criticas destructivas en el blog, te haces viejo :(
Sabipv:
Nen, yo soy (o al menos me considero) viejo desde los 23 años… Y es cierto, ya no hago críticas destructivas. Ni siquiera autocríticas destructivas! A ver si te dedico un post destrozando tu (escasa) reputación, y así todos contentos ;)
PD: más allá de comentarios mongers, si las relaciones entre personas fueran más sanas, muchos problemas se solucionarían. Cumbayá style, but true story…
Creo que la tendencia a formular prejuicios superficiales y hacer comparaciones al respecto, está relacionada, en parte, a que desde muy chicos, en esta era de consumo, nos insertan el chip de que “somos lo que tenemos”. Y resulta difícil deshacerse de esos “estándares” impuestos a través de años de exposición indiscriminada a la publicidad y el culto a la fama, dinero y a la belleza física. Bajo estos parámetros preestablecidos, parece difícil mostrarse sincero sin sentirse un anormal perdedor. Por lo que lo superficial se convierte en lo más importante. Y parecer se vuelve “mejor” que ser.
Y tienes razón, la verdad es que todos tenemos nuestras fortalezas y debilidades, nuestras bellezas y fealdades. Y sería más bonito presentarnos ante el espejo y aceptarlas, sólo así podremos aceptar las de los demás. Y llegar a un nivel de conciencia más empático, funcional, amable, sano y demás… (why not?)
saludos guar!
Pedro:
En efecto, aunque no lo he descrito exactamente así en el post, pienso como tú en cuanto a que esa manera de valorar a los demás se basa en criterios materiales/superficiales: “creo que esta persona tiene más pasta que yo, por lo tanto su vida será mejor”, o “esta persona tiene tal puesto de trabajo, por lo que seguro que es más feliz (porque yo soy infeliz en el mío)”.
En cualquier caso, resulta difícil remar contra corriente y en ocasiones es igual de agotador que seguirla. No soy partidario de unirme a aquello contra lo que no puedo luchar, y tampoco veo útil luchar de manera sistemática contra ciertas batallas perdidas de antemano (a ver cómo le explicas tú a una persona de 35 años que sus valores están basados en aspectos materiales, y por tanto son frágiles, manipulables y perecederos, como los materiales en sí).
Tan solo nos queda tratar de seleccionar a aquellas personas que nos aportan y tratar de llevarnos lo mejor posible con las otras con las que tenemos que tratar, pero que no nos aportan nada de nada. Modo Zen ;)
Un saludo, Pedro!